Una Vida Sin Cristo
Lucas 8-51...
Unidad: Vida Joven Tipo de Enseñanza: Devocional Proceso de la enseñanza: Deductiva Texto Bíblico: Lucas 8:41-56 Tema General: El Evangelio de Cristo y su poder Sanador y Salvador, el Vacío existencial, y la fe Tema Específico: Una Vida Sin Cristo Objetivos de la enseñanza: Que los jóvenes conozcan el poder del evangelio de Cristo, lo reciban como Señor y salvador, la importancia de la fe y el propósito de la vida.
Introducción
La historia que leemos nos muestra la vida de una jovencita sin Cristo, al ser hija de un encargado de la sinagoga en su comunidad estaba acostumbrada a escuchar sobre el poder de Dios para sanar y salvar, pero no había tenido la oportunidad de experimentarlo en su propia vida, hasta el día que enfermo.
Los problemas y las situaciones adversas son grandes oportunidades para ver a Dios actuar a favor de aquellos creyentes que se atreven a invocar la presencia del Dios vivo.
Al final esta joven conoció al Señor y ese encuentro lleno las expectativas personales y familiares que había sobre Cristo, ya que el Señor le Dios vida de nuevo.
En la sociedad actual, hay muchas personas que viven sin Cristo y desconocen el gran poder que tiene el evangelio de Cristo para cambiar sus vidas.
Es por eso que en esta lección, nos enfocaremos en Lucas 8:51-56 y en cómo el evangelio puede transformar nuestras vidas y llenarlas de significado y propósito.
PREGUNTAS PARA DISCUTIR EN LA CLASE. ¿Qué hubiera pasado si esta joven no hubiera enfermado?
¿Es la enfermedad una oportunidad recibir el poder sanador de Dios?
¿Fue necesaria la fe del padre para sanidad de esta joven?
¿Cómo tomaría la vida esta joven después de conocer al Señor?
1. Una Vida sin Cristo es una vida vacia
Vivir por el simple hecho de existir, nos hará perder el sabor de la existencia misma, cuando Dios nos dio vida en el vientre de nuestra madre lo hizo con un propósito real y alcanzable para nosotros.
La vida sin Dios es una vida vacía y sin significado.
El hombre fue creado para tener una relación personal con Dios, y sin esa relación, la vida se convierte en un mero ejercicio de existir.
«Yo te elegí antes de que nacieras; te aparté para que hablaras en mi nombre a todas las naciones del mundo». (Jeremías 1:5)
2. Una vida sin Cristo carece de espiritualidad.
La espiritualidad, el conocimiento de Dios y de la vida eterna se transmite a nuestro ser por medio del evangelio de Cristo, de no ser así, aún estamos en la oscuridad de nuestros pecados.
La espiritualidad es un componente esencial de la vida humana, y es precisamente en la relación con Dios donde se encuentra la fuente de la verdadera espiritualidad.
Una vida sin Dios carece de esta dimensión esencial y se queda incompleta Jesús volvió a hablarle a la gente:
Yo soy la luz que alumbra a todos los que viven en este mundo. Síganme y no caminarán en la oscuridad, pues tendrán la luz que les da vida. (Juan 8: 12)
3.Una vida sin cristo, no posee vida eterna
El alma humana anhela vivir eternamente, pues Dios lo concedió ese conocimiento, pero separado del Señor no lo conseguirá, es necesario recibir a Cristo para tener vida eterna.
La vida eterna no es algo que se gane por nuestros propios méritos o acciones, sino que es un regalo de Dios que se recibe por medio de la fe en Cristo.
Una vida sin Cristo, por tanto, no tiene la posibilidad de alcanzar esta vida eterna.
El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. (Juan 3: 36)
. Conclusión.
Esta Joven cita recibió además del don de la vida, la fe necesaria para creer en Cristo como Señor, este evento modifico su forma de pensar y existir, ella es contada entre las pocas personas que la escritura menciona que recibieron el milagro de volver a la vida después de haber muerto.
Es importante recordar que solo en Cristo encontramos verdadera plenitud y propósito en la vida.
Una vida sin Cristo es vacía, carente de espiritualidad y sin esperanza de vida eterna.
Pero el evangelio de Cristo nos ofrece todo lo que necesitamos para vivir una vida plena y significativa.
Debemos tomar decisiones sabias y guiadas por la voluntad de Dios, y confiar en que Él nos guiará en nuestro camino.
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