Jóvenes lavados y santificados


 
La escritura dice: “Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” 1 Corintios 6:11. 

Un pecador sin importar los pecados que haya cometido en esta vida puede ser santificado. Lingüísticamente, la palabra para santificación en el hebreo es qadash, traducida como “santo” o “apartado”. Esta doctrina parte de la palabra “Santificar” y significa poner aparte, para un uso o propósito especial, en sentido figurado "hacer santo o sagrado". El significado bíblico de la santificación es ser separado por Dios y para Dios para toda buena obra, llamado para agradarle solo a él. 

La santificación comienza en el creyente cuando este decide escuchar la palabra de Dios. Esta va haciendo que la persona se dé cuenta en el estado que se encuentra sin Dios, siguiendo el camino de inmundicia y las consecuencias que le esperan, sino decide renunciar a este estilo de vida mundano. En el momento que la persona le abra la puerta de su corazón a Jesús, para que él entre en su vida, Dios comienza a tratar con él y lo aparta lavándolo, santificándolo y justificándolo, cuando es invocado el nombre de Jesús en las aguas bautismales; la Biblia dice: "¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios." 1 Corintios 6:9-11. 

Estábamos completamente separados de Dios, sin posibilidad de heredar el reino de Dios, todo por causa del pecado que nos gobernaba en esa vida mundana que llevábamos. Pero Dios por su gracia nos santificó, nos lavó y separó para que cambiara por completo nuestro estilo de vida. 
Ahora reconocemos que vivir piadosamente debe caracterizar la vida de todo hijo del Señor, y debemos vivir de acuerdo con el modelo y ejemplo dado en la palabra de Dios: "porque la gracia de Dios se ha  manifestado  para salvación a todos los hombres, enseñando que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente" Tito 2:11-12. 

Este fue el ejemplo que nos dejó nuestro Dios y Salvador Jesucristo, él nos llamó para este propósito, para que vivamos en paz y en santidad. Porque si vivimos con este estilo de vida tendremos la seguridad de que le veremos. 
Ahora somos cristianos lavados y santificados, hombres y mujeres que fuimos rescatados de aquella vana manera de vivir en la que vivíamos cautivos y de las cuales hoy nos avergonzamos. La escritura dice:

"Siendo como aquel que os llamó es Santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos porque yo soy santo. Y si invocáis por padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación, sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosa corruptible como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación" 1ª Pedro 1:15-19.

"Seguid la paz con todos y la santidad sin la cual nadie verá al Señor" Hebreos 12:14.

"Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas; el cual no hizo pecado ni se halló engaño en su boca; quien cuando le maldecían no respondía con maldición, cuando padecía no amenazaba sino que encomendaba la causa al que juzga justamente" 1ª Pedro 2:21-23.

Usted y yo fuimos rescatados del pecado para vivir una vida santa, siguiendo el ejemplo de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” 
1 Pedro 1:15.

La santificación es la voluntad de Dios para todos los creyentes. Usted, querido amigo, como dije antes, puede comenzar a ser santificado solo con escuchar la palabra de Dios, ella purifica y limpia. Hay otros medios básicos que las escrituras nos muestran, veamos algunos:

“Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.” San Juan 15:3.

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” San Juan 17:17. 

“pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación” 1 Tesalonicenses 4:3.

“Por lo cual también Jesús, para santificar al pueblo mediante su propia sangre, padeció fuera de la puerta.” Hebreos 13:12.

“Hablo como humano, por vuestra humana debilidad; que así como para iniquidad presentasteis vuestros miembros para servir a la inmundicia y a la iniquidad, así ahora para santificación presentad vuestros miembros para servir a la justicia.” Romanos 6:19.

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” 2 Corintios 7:1.

La Palabra de Dios nos santifica, esta es una de las razones por las cuales nosotros debemos estudiarla, meditar, memorizar y aplicar su verdad a nuestra vida cotidiana. La perfecta voluntad de Dios es que todos los que conforman su pueblo sean personas santificadas.
 
Para lograr con este objetivo, se hace indispensable que nos apartemos de la fornicación. Cada creyente debe tener su esposa en santidad y honor, lo que indica que ella no se puede tener solo para los deseos sexuales. No engañar a nuestros hermanos en Cristo, Dios nos ha llamado a que por ninguna razón vivamos en inmundicia, él quiere que vivamos en santificación, este es su deseo: “Por lo demás, hermanos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús, que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más. Porque ya sabéis qué instrucciones os dimos por el Señor Jesús; pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya os hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación.” 1 Tesalonicenses 4:1-7. 
 
Definitivamente ningún ser humano en esta tierra, podrá "ganar" su salvación por tratar de "vivir" el evangelio, sin obedecer primero la salvación que está ordenada para todos los hombres, debajo del cielo. La santificación es y debe ser resultado de la obediencia inicial a la salvación y no producto de practicar "normas" de estilos de vida de las obras. La escritura dice:

“no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:9.

“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo.” Colosenses 2:16-17.

La santificación se obtiene por gracia a través de la fe en Jesucristo, y no por las obras: “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” Tito 3:5. 
 
Los santificados deben guardarse de toda especie de mal, debemos pedirle a nuestro Dios que nos santifique por completo, para que todo nuestro ser, espíritu, alma y cuerpo esté siempre preparado para el acontecimiento más grande que pueda existir para un cristiano que es la venida de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. 

La recomendación es que lo examinemos todo, que nos abstengamos de toda especie de mal, para que cuando él venga nos transforme por completo, entonces seremos como él es, ¡perfectos y santos! La escritura dice:

“Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” 1 Tesalonicenses 5:23.

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.” 1 Juan 3:2. 

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. ” Filipenses 3:12-14. 

La santificación nos garantiza una herencia perpetua con Jesús en su reino celestial. 
Para que usted, querido amigo, tenga esta herencia o sea parte de ella, tienes que renunciar a ese camino de tinieblas que llevas, el camino que es gobernado por Satanás, ese sistema mundano de pecado. Dios quiere que usted sea limpio, lavado y santificado y así haga parte de su herencia: «Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados». Hechos 26:18. 
 
Esto es lo que Dios te ofrece, una santificación que te permitirá ser parte de sus hijos e instrumentos de justicia y útiles para su servicio. Sin esta santificación, usted no podrá ver al Señor Jesucristo. La escritura dice: 

“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” 
1 Tesalonicenses 5:24.

“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” 2 Timoteo 2:19-21.

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12:14.

Fuimos así puestos aparte, mediante el pago del inmenso precio por el que Él nos compró y nos hizo suyos: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” 1 Corintios 6:19. 
 
De modo que, además de ser santificados por el propósito y la voluntad de Dios: «somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre» Hebreos 10:10. 
 
Valoremos cómo Dios vino en la persona de Jesucristo a esta tierra, solo para poder lavarnos y santificarnos mediante su gracia y su amor en el derramamiento de su sangre preciosa, la sangre del cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Para que hoy nosotros que hemos comprendido este misterio seamos primicias de los santificados por medio de su nombre y es algo que no requiere discusión, Pablo dijo: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en carne,
Justificado en el Espíritu,
Visto de los ángeles,
Predicado a los gentiles,
Creído en el mundo,
Recibido arriba en gloria.” 1 Timoteo 3:16. Ahora vivimos con la esperanza de venir con él, en su segunda venida, y esta esperanza nos permite santificarnos más y más: «todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro» (1 Juan 3:3). La experiencia de la santificación solo cede en el proceso de la vida cristiana, en la cual Dios nos hará perfecto en la presencia de su gloria: “Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor” 1 Corintios 1:30-31. 

Para concluir, puede que tu vida desde tu juventud sea de continuo a las drogas, pornografía, la mentira, la fornicación, la idolatría, el homosexualismo, el robo, las borracheras, etc. Lo cierto es que no importa cuál sea tu problema, mi Señor Jesús puede hacerte una persona nueva, pues él quiere que seamos dignos de este llamado a ser lavados y santificados viviendo justamente, aptos para servir a nuestro Dios y salvador Jesucristo: “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados” Efesios 4:1. Siendo obedientes a su llamado sin nada que te pueda detener: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”. Hechos 22:16.
 
Vivamos como lo que somos, vivamos como verdaderos hijos de Dios. Jóvenes llenos de su gracia, hombres y mujeres santificados.

Invitación: Joven, Dios quiere cambiar tu vida, ven ahora a él y dile: Señor Jesús, ven a mi vida y cambia todo de mí; quiero ser un joven lavado y santificado, un joven con una nueva vida y nuevas metas, tu reino celestial. Amén.

Mi Dios y Salvador Jesucristo les bendiga.
 

Comentarios

Entradas populares de este blog

FILOSOFÍA DE LA PREDICACIÓN.

PLAN FINANCIERO DE DIOS

LA FE