ESPIRITUALIDAD EN EL MATRIMONIO

Un Recurso para el buen Vivir Conyugal”

1 corintios 2:15LBLA
En cambio, el que es espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado por nadie

El matrimonio es social, pero si sus integrantes son Espirituales, les va mejor.

La vida matrimonial experimenta situaciones sociales con algunos momentos de acechos de los deseos y las obras de la carne (que son espirituales) estos momentos de las obras de la carne, ameritan ser atendidos por los cónyuges desde lo espiritual de Dios. Los focos espirituales que se presentan en la vida matrimonial deben ser identificados y atendidos por los cónyuges a tiempo para no ser presa fácil del mal. 

Dios nos ha privilegiado con el recurso de la palabra; solo hay que ser espiritual para disfrutarlos.

Tener la bendición de juzgar todas las cosas que se viven en la conyugalidad, es disfrutar de la sabiduría del señor Jesús y poder usar todo el potencial inteligente desde el conocimiento propio que cada situación exige en la convivencia; también, gozar de la ayuda del Espíritu Santo, siendo guiados hacia lo conveniente en cada situación sombría del mal; a los matrimonios les da estabilidad en el tiempo.

Ante las demandas que trae el vivir en pareja en medio de situaciones difíciles y que además se fortalecen con las historias de vida individual, cada cónyuge debe asumir responsablemente el cuidado en el cumplimiento del deber conyugal, usando el conocimiento que se requiere para cada situación y la sabiduría del señor para los momentos de exigencia Espirituales.   



Proverbios 24:3 DHH 
Con sabiduría se construye la casa, y con inteligencia se ponen sus cimientos.

¿Por qué hay que ser Espiritual? “si”
Así como la semilla de la palabra de Dios da la vida Espiritual, lo espiritual del mal, también tiene sus semillas que ingresan en el hombre a través de los sentidos, con la posibilidad de desviar a los creyentes de la fidelidad a Dios. (2Corintios 11:3).

El Creyente tiene la responsabilidad de alimentarse de la palabra de Dios, de sostener su devocional permanentemente; este es el recurso más importante para permanecer en Dios y en el deber conyugal.

Los esposos también deben conocer las estratagemas del enemigo, les va mejor entender por qué medio puede filtrarse o dársele lugar al diablo. Precisamente la palabra de Dios señala a través del apóstol Pablo, que debemos saber administrar bien el trato con los demás, especialmente si es nuestro cónyuge. Pablo advierte en Gálatas 5:16 y 19. Sobre los deseos de la carne, que aparecen tras las necesidades humanas y toman fuerzas a través de las tentaciones. En este texto la palabra de Dios sugiere andar espiritualmente, para no obedecer a los deseos y a las obras de la carne.

Por ejemplo: La ira, es una necesidad natural, que en muchos momentos es utilizada por los deseos de la carne para otros fines diferentes a la de la protección del ser humano que se activan como mecanismo de defensa. Cuando aparece la ira, hay que tener cuidado de coordinar con la ayuda del señor esta emoción; la necesidad de protegerse que trae el ser humano desde la infancia, que nunca ha resuelto; puede asociarse con sus historias dolorosas. Este es un punto crítico para el matrimonio, porque si los cónyuges no se dejan guiar por el Espíritu, si no hacen un alto y echan toda su ansiedad con que se alimentan los conflictos, pueden terminar saliéndose del deber conyugal en cualquier momento de su vida matrimonial.




Los riesgos son muchos según “gálatas 5:20 y 21” los esposos que viven con situaciones no resueltas y no mantienen su vida cerca de Dios, quedan expuestos día y noche a tropezar en enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias y homicidios; se advierte que estas conductas son fáciles de interiorizar en la relación con el otro, pero no olvidemos, que estas conductas el apóstol Pablo las describe como obras de la carne, por lo tanto; son conductas espirituales, porque son pecados que hay que evitar entrar en ella. Y la única manera de no acceder a estos comportamientos, es viviendo la vida matrimonial espiritualmente, o sea “en Dios”.

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