Serie UNICIDAD 1 15 de agosto/26...
«Oye, Israel: Un Solo Dios, Un Solo Salvador»
Introducción:
La gran verdad de la Biblia
Hoy nos reunimos para escuchar la verdad más hermosa, firme y grande de toda la Biblia: Dios es uno.
Imaginemos a un niño de 8 años construyendo una torre o a nuestra abuelita de 102 años mirando hacia atrás en el tiempo.
Para ambos, la regla es la misma: si el primer bloque de una casa está torcido, toda la casa se cae.
En la vida de fe pasa exactamente lo mismo.
El cimiento de todo lo que creemos, es saber quién es Dios. Dios no es un grupo de dioses, ni una familia de divinidades.
El Dios que habló en Israel es el mismo que habló En Jesucristo.
La Biblia no dice que hay dos o tres Dioses. La Escritura declara desde el principio hasta el fin que la Deidad es única, indivisible, soberana y absoluta.
1. El Monoteísmo: El Dios sin competidores
A lo largo de la historia, las naciones vecinas del pueblo de Israel adoraban a muchos dioses. Tenían un dios para la lluvia, otro para la cosecha y otro para la guerra.
Pero el Dios verdadero se reveló a Israel diciendo: «Miren que yo no comparto mi gloria con nadie».
La Biblia nos enseña que Dios es el Creador de todo lo que existe y no tiene competidores en el universo:
No hay otros dioses:
Isaías 45:5 declara:
«Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí.»
No hay división: Dios no depende de nadie, no consulta con nadie ni tiene a otro Dios junto a Él.
Isaías 44:6 dice:
«Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.»
Dios no es como una manzana dividida en partes; Él es totalmente uno, eterno, omnipotente y único.
2. El Shemá: La confesión que define nuestra vida
En el libro de Deuteronomio 6:4,9 Israel recibió el mandamiento principal, una declaración conocida como el Shemá:
Deuteronomio 6:4,9
Contiene la proclamación central de la unicidad divina, seguida por el mandamiento de amar a Dios con todo el corazón, el alma y las fuerzas, la obligación de enseñar estas palabras a los hijos, y los preceptos de llevarlas como señales en la mano y en la frente (tefilín) y colocarlas en los postes de las puertas (mezuzá).
Deuteronomio 11:13-21
Expone las consecuencias de cumplir los mandamientos divinos frente a la desobediencia colectiva o individual, enfatizando la importancia del estudio continuo de la Torá y la transmisión generacional de los valores espirituales.
3. Números 15:37-41
Establece el mandamiento de colocar flecos o tzitzit en las esquinas de las vestiduras, los cuales sirven como un recordatorio visual constante para cumplir todos los preceptos de Dios y mantenerse consagrados a Él.
¿Qué significa esto para el niño y para el adulto?
Significa que Dios no está dividido en personas distintas o en voluntades diferentes.
Cuando oramos a Dios, no tenemos que preocuparnos por si un Dios dice "sí" y otro dice "no".
Dios tiene un solo corazón, una sola voluntad y un solo propósito de amor para nosotros.
Por eso, el versículo que sigue (Deuteronomio 6:5) nos pide:
«Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.»
Podemos amarlo con todo nuestro ser porque Él es uno solo. Nuestra adoración no está repartida; nuestro corazón le pertenece por entero al único Rey y Señor.
3. El Dios del Antiguo Testamento es el Jesucristo del Nuevo Testamento
Aquí llegamos al corazón del Evangelio apostólico:
El mismo Dios que creó los cielos y la tierra en el Antiguo Testamento es el mismo que caminó entre nosotros en el Nuevo Testamento.
Dios no envió a un sustituto o a un ser inferior.
El Dios invisible se hizo visible en carne.
El profeta Isaías lo anunció: Isaías 9:6 dice de manera clara que el niño que nacería sería llamado:
«Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.»
Pablo lo confirmó: Colosenses 2:9 enseña:
«Porque en él [Jesucristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.»
Aquel que le dijo a Moisés en la zarza ardiente "Yo Soy" (Éxodo 3:14), es el mismo que caminó en la tierra y dijo: "Antes que Abraham fuese, yo soy" (Juan 8:58). Jesucristo no es un segundo Dios o un nuevo Salvador revelado; es la manifestación plena del único Dios verdadero venido para salvarnos.
4. Una advertencia solemne: Creer en el Jesucristo Bíblico
El mensaje del Evangelio es de infinito amor, pero también contiene una advertencia muy clara y seria que debemos recibir con toda responsabilidad.
En el Evangelio según San Juan 8:21 y 24, Jesús les dijo a los religiosos de su época:
«Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que Yo Soy, en vuestros pecados moriréis.»
Y en Juan 3:18 añade:
«El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.»
¿Por qué es vital creer esto? Porque si alguien cree en un "Jesús" que es solo un buen hombre, una segunda persona, un profeta, un ángel o un Dios menor, no está creyendo en el Jesús de la Biblia, le está restando a la divinidad y dignidad de Jesucristo.
La salvación no se encuentra en tradiciones religiosas, ritos externos ni en conceptos filosóficos humanos.
La salvación requiere reconocer que el Señor Jesucristo es el Dios Eterno manifestado en carne para perdonar nuestros pecados.
Si rechazamos quién es Él, permanecemos en la culpa de nuestros pecados.
5. Finalmente: Cree y Proclama
Querida iglesia, el Dios del Antiguo Testamento es el Señor Jesucristo de todos los tiempos.
Él es el Creador, el Redentor, el Rey de Reyes y el único Dios Todopoderoso.
Hoy el Espíritu Santo hace un llamado directo:
Abre tu corazón para creer: Deja de lado las opiniones de los hombres y las tradiciones humanas.
Cree con la certeza absoluta de la Palabra de Dios que Jesucristo es el único Dios Todopoderoso y tu Salvador personal. Apocalipsis 1:8
Obedece la verdad apostólica: Vive para Él con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.
Propaga esta verdad: No te quedes en silencio. El mundo necesita saber que no hay muchos caminos ni muchos dioses, sino un solo Dios y un solo Nombre dado a los hombres en que podamos ser salvos: el Nombre de Jesucristo (Hechos 4:12).
Levantemos nuestra fe, adoremos al único Dios Verdadero y proclamemos su Nombre glorioso en todo lugar desde hoy y para siempre.
¡A Él sea toda la gloria, el honor y el dominio por los siglos de los siglos! Amén.
Comentarios
Publicar un comentario