11. SANIDAD: SANOS POR LA LLAGA DE JESUCRISTO.

La Doctrina de la Sanidad Divina y el Sentido de la Enfermedad y la Muerte

I. El Origen de la Enfermedad y la Muerte

  • Consecuencia del pecado: La enfermedad y la muerte no existían originalmente; descendieron sobre la humanidad por causa del pecado y la desobediencia (Romanos 5:12).
  • Maldiciones, no bendiciones: Ni la enfermedad ni la muerte son bendiciones, sino maldiciones permitidas por la consecuencia de la rebelión humana (Éxodo 15:26; Deuteronomio 28:15 en adelante).
  • El autor del mal: El autor de la enfermedad y de la muerte es el diablo, no Dios (Job 1:6-12; 2:1-8). Dios es el autor de la vida y de la salud.
  • El propósito de Cristo: Jesús vino a deshacer las obras del diablo, reprendió las enfermedades y trajo salud integral: espiritual, mental y física (Juan 5:24; Hechos 10:38; Lucas 13:10-13; 1 Juan 3:8; Hebreos 2:14-15).

II. Jesús es Nuestra Medicina y la Expiación

  • La Palabra como fuente de sanidad: Al oír y creer la Palabra de Dios, el hombre recibe salud ("Envió su palabra, y los sanó", Salmo 107:20; 2 Timoteo 1:9-10).
  • La obra en la cruz: La expiación que Jesús realizó incluye nuestra sanidad física, moral y espiritual. Él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores; por su llaga fuimos nosotros curados (Isaías 53:4-5; Mateo 8:17; 1 Pedro 2:24).
  • La fe frente a la confesión negativa: La medicina está en la Palabra, en el Nombre y en la Sangre de Jesucristo. Buscar la sanidad mediante oraciones repetitivas o ritos sin fe real en la Palabra no da resultado. El creyente no debe confesar más el mal que la promesa de Dios.
  • La condición de la carne: Mientras estemos en este cuerpo mortal, la carne sufrirá achaques y limitantes por la ley del pecado. La redención total del cuerpo ocurrirá cuando lo corruptible se vista de incorrupción en la venida del Señor (1 Corintios 15:51-54).

III. Razones por las que se Enferma un Cristiano

Cuando un hijo de Dios no sana, debe examinar su vida. Existen cuatro razones principales:

  1. ​Malos hábitos de alimentación.
  2. ​Falta de higiene, desaseo y descuido personal.
  3. ​Ataque directo del diablo.
  4. ​Pecado sin confesar, ante el cual Dios disciplina, porque Él al que ama, disciplina (Hebreos 12:6)

IV. Diferencia entre la Mirada Divina y la Mirada Humana

  • Cómo mira Dios al enfermo: Dios atiende primero la enfermedad espiritual (el pecado), pues es la que más le preocupa. Así lo demostró con el paralítico al decirle: "Tus pecados te son perdonados". Una vez sanada el alma, la sanidad de la carne fluye según su voluntad.
  • Cómo mira el hombre natural: El hombre busca primero la sanidad física para luego creer, caminando por vista y no por fe. Si entendiera el plan de Dios, no viviría angustiado frente a la enfermedad o la muerte física, la cual es solo el paso para la presencia del Señor.
  • Enfermedades de plazo cumplido: Existen enfermedades permitidas por Dios para dar fin al ciclo de vida terrenal de una persona. Ante estas, Dios no revocará su decreto. En los demás casos, podemos clamar sabiendo que Dios no está obligado de forma caprichosa, por lo que nuestra oración siempre debe ser respetuosa y sumisa: "Señor, si quieres, puedes sanarme" o "Hágase tu voluntad".

V. Objetivos de esta Enseñanza

  1. ​Motivar al cristiano a depender totalmente de Dios.
  2. ​Recordar que no vivimos para nosotros mismos, sino para Aquel que murió y resucitó.
  3. ​Comprender que partir de este mundo para estar con el Señor es muchísimo mejor.
  4. ​Vivir activos para servir a Dios con energía mientras tengamos vida y salud.
  5. ​Reconocer que la salud física nos permite alabar a Dios y trabajar en su obra con ánimo (1 Tesalonicenses 5:23).

Cómo se Logra y se Practica la Sanidad Divina en la Actualidad

​Para experimentar la sanidad divina y mantener una postura correcta ante la enfermedad hoy en día, el creyente debe poner en práctica los siguientes principios:

  • Apropiarse de las promesas por la fe en la Palabra: La sanidad no se logra por lástima ni por desesperación, sino al escuchar, creer y confesar lo que Cristo ya pagó en la cruz (Isaías 53:4-5).
  • Uso de los medios bíblicos (Santiago 5:14-15; San Marcos 6:12-13): Ante la enfermedad, el creyente debe acudír a la iglesia, llamar a los ancianos (ministros), confesar sus faltas si las hay, ser ungido con aceite en el Nombre del Señor y recibir la oración de fe.
  • Autoexamen y corrección de vida: Es necesario evaluar si la aflicción física se debe a malos hábitos de salud o a un pecado no confesado, procediendo al arrepentimiento inmediato para desbloquear la bendición de Dios.
  • Oración de fe sumisa a la voluntad de Dios: Acercarse al Señor con humildad, pidiendo su sanidad pero descansando en su soberanía, sabiendo que si nos sana nos da fuerzas para servirle, y si permite nuestra partida, morir en Él es ganancia eterna.

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