10. SALVACIÓN: PROPIEDAD DE DIOS, LIBRES.
La Doctrina de la Salvación
La salvación es un tema trascendental que exige absoluto cuidado: quienes ya son salvos deben cuidarla con temor y temblor, y quienes no lo son deben preocuparse, pues de ello depende su destino eterno. Dios ha puesto delante del hombre la vida o la muerte, la bendición o la maldición; le corresponde a cada uno elegir su futuro eterno.
I. De qué Hemos Sido Salvos y sus Resultados
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De qué fuimos salvos:
- De toda condenación eterna ("Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús", Romanos 8:1).
- De la condenación de la Ley.
- De nuestra conciencia muerta en malas obras.
- De la mundanalidad en la que vivíamos, para ahora vivir por encima de ella.
- La razón de no haber condenación: El hombre vive en Cristo y experimenta paz y descanso en su alma (Romanos 5:1-5), proyectándose hacia el futuro por la fe (Romanos 8:18).
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Resultados de la salvación:
- Liberación: Fin de la opresión del pecado y nacimiento de un corazón agradecido (Isaías 61:1).
- Sin condenación: Gozo, dicha y gratitud profunda (Isaías 12).
- Disponibilidad: El creyente queda listo y dispuesto para ser utilizado por Dios como siervo de la justicia (Romanos 6:15-22).
II. El Plan de Salvación Según Tito 3
El apóstol Pablo presenta un panorama claro estructurado en tres preguntas fundamentales:
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¿De dónde hemos sido salvos?
De un estado de conmiseración y pecado (Tito 3:3-4). La Biblia detalla esta condición caída en diversas listas de malas obras:
- Gálatas 5:19-21
- Marcos 7:21-23
- Apocalipsis 21:8
- 1 Corintios 6:9-10
- Romanos 1:18-32
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¿Cómo nos salvó Dios?
No por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por la manifestación de su amor (Tito 3:4-5) a través de:
- Su misericordia.
- El lavamiento de su Palabra (el regeneramiento).
- La renovación del Espíritu Santo.
- ¿Para qué hemos sido salvos? Para que, justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna (Tito 3:7).
III. El Panorama de la Salvación Según Efesios 2:1-10
- ¿De qué nos salvó? (Efesios 2:1-3): De la muerte espiritual, siguiendo la corriente de este mundo y viviendo en los deseos de la carne.
- ¿Cómo nos salvó? (Efesios 2:4-6): Por su infinita misericordia, su gran amor y por gracia, dándonos vida juntamente con Cristo.
- ¿Para qué nos salvó? (Efesios 2:7-10): Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia y para que andemos en las buenas obras que preparó de antemano.
- La responsabilidad del salvo: Como real sacerdocio y gente santa, fuimos llamados para anunciar las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable (1 Pedro 2:9). El salvo siente la misma deuda de Pablo: "¡Ay de mí si no predicare el evangelio!" (Romanos 1:14; 1 Corintios 9:16).
Cómo se Logra y se Mantiene la Salvación Hoy en Día
En la actualidad, el acceso a la salvación y la responsabilidad de cuidarla se experimentan de manera práctica a través de los siguientes pasos:
- Oír y creer el Evangelio: La salvación inicia al escuchar con fe la predicación de la Palabra de Dios, reconociendo la condición de pecado y la necesidad absoluta del sacrificio de Jesucristo en la cruz.
- Arrepentimiento y obediencia al mensaje apostólico: El pecador debe dar un giro de 180 grados, abandonando la vida mundana y obedeciendo el plan de Dios: el bautismo en agua por inmersión en el Nombre de Jesucristo para perdón de los pecados y la recepción del Espíritu Santo.
- Cuidar la salvación diariamente: Como enseña la Escritura ("Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor", Filipenses 2:12), el creyente debe velar por su vida espiritual mediante la oración, la lectura de la Biblia, el ayuno y la comunión constante en la iglesia.
- Testificar a otros: La salvación no es para disfrutarla en aislamiento. Hoy en día, un verdadero salvo demuestra su gratitud compartiendo el Evangelio con su familia, compañeros de trabajo, vecinos y a través de todos los medios disponibles, entendiendo que es un deudor de la gracia de Dios para con un mundo que se pierde.
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