1. PROPICIACION: APLACAR, REUNIR, Acercar.
I. Fundamento Teológico y el Sacerdocio de Cristo
- Cristo como el Sumo Pontífice: Jesucristo es el Pontífice que traspasó los cielos. Sin la presencia humana del cuerpo de Cristo, no se hubiera podido realizar la propiciación por los pecados del hombre.
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Citas bíblicas de soporte:
- Hebreos 5:1-10; 7:1-28; 8:11-15, 24-28; 10:11-14, 19-20; 12:24.
- Romanos 3:24; 5:6-8.
- 1 Corintios 5:7; 15:3.
- Efesios 5:2.
II. Razones de la Propiciación en el Antiguo Testamento
- Por el pecado del hombre y la muerte: Era necesaria la propiciación para que el hombre pueda vivir la vida física y no muera.
- Por la ira de Dios encendida contra el hombre: El hombre estaba sin la protección de Dios y tenía que protegerse en la sangre de los animales (provisión de Dios) para calmar la ira divina.
- Para el acceso a la presencia de Dios: El disgusto de Dios continuaba hasta que se hiciera la verdadera propiciación por Jesucristo.
III. El Proceso Sacerdotal en el Antiguo Testamento
- El sacrificio: El pecador traía el cordero, era degollado y entregado al sacerdote.
- La expiación: A través de la sangre de los animales, Dios aplacaba su ira. Expiación significa cubrir o tapar el pecado para que no esté a la vista de Dios.
- La reconciliación: El hombre se acercaba confiadamente a Dios tras la propiciación y se reunían en el tabernáculo para ser reconciliados.
IV. Resultados de la Propiciación
- Aplacar la ira de Dios: En el A.T., con un sustituto sin defecto, Dios retiraba su ira y el animal moría quemado hasta hacerse cenizas. En el N.T., Dios descargó su ira sobre Jesús ante la ley, pagando nuestra culpa (Isaías 53:2-8; Romanos 8:3).
- Acercar a Dios: Así como la salida del sacerdote del Lugar Santo confirmaba la aceptación de Dios, la muerte de Cristo nos permite acercarnos a Él.
- Descansar o tener tranquilidad: Tenemos paz para con Dios ("En Dios está acallada mi alma", Salmos 62:1). A diferencia del A.T., Cristo fue voluntariamente (Hebreos 11:9-14; 9:23-28; 10:1-10).
V. La Teoría Propiciatoria
- Expiación vicaria: Considera los sacrificios como originalmente propiciatorios. Matar al animal y derramar su sangre constituía una expiación sustitutiva.
- Cumplimiento en Cristo: Jesucristo fue herido a espada y su sangre fue derramada tal como ocurría con los animales sacrificados.
VI. La Propiciación de Dios con Jesucristo en el Nuevo Testamento
- El plan eterno: El cuerpo de Jesús fue preparado por Dios como el Cordero inmolado desde antes de la fundación del mundo (Hebreos 10:5-10; Efesios 1:1-4).
- El Plan de Dios: Diseñado para la propiciación del hombre.
- Ejecución del Plan: Cumplimiento de lo predicho por Isaías a través de los hombres (Isaías 53:1-10; San Lucas 22:47-53).
- Debilitamiento de la Víctima: Azotes y burlas hacia Cristo (Isaías 53; Mateo 27:24-31).
- Muerte de la Víctima: Muerte de Jesús en la cruz (Mateo 27:45-50).
VII. Jesucristo fue nuestro Propiciatorio
- La obra consumada: Jesucristo fue nuestro propiciatorio derramando su sangre sobre sí en el Calvario. Lo que era imposible para la ley, Dios lo arregló enviando a su Hijo (Romanos 8:3-4).
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Citas bíblicas de soporte:
- Romanos 3:25; 1 Juan 2:2; 4:10-11.
- Hebreos 9:11-14 (Jesús como el Cordero de Dios).
- 1 Pedro 1:18-23 (Rescatados por su sangre).
Conclusión
La propiciación revela la gravedad del pecado, la justicia impecable de Dios y la inmensidad de su amor. Lo que en el Antiguo Testamento era solo una sombra temporal mediante la sangre de animales que cubría las faltas, se convirtió en una realidad eterna y perfecta a través del sacrificio voluntario de Jesucristo. Él no solo actuó como nuestro Sumo Sacerdote, sino como la víctima perfecta y el lugar mismo de propiciación, recibiendo sobre sí la ira que nos correspondía para regalarnos paz, acceso directo al Padre y una redención definitiva mediante su sangre derramada.
Llamado a la Reconsideración
Si en algún momento caminaste en los caminos del Señor Jesucristo y hoy te encuentras distante de su presencia, reflexiona en el precio que se pagó por ti. Conoces de cerca el significado del altar, de la sangre derramada y de la paz que solo Él puede brindar al alma. El mismo Cristo que se ofreció como propiciatorio perfecto sigue intercediendo como tu Sumo Pontífice en los cielos. El camino de regreso hacia el Padre permanece abierto por la sangre del Cordero; no postergues más tu retorno y vuelve hoy a los brazos de quien dio su vida para darte libertad.
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