La Revelación del Eterno "Yo Soy" en Jesucristo

La Revelación del Eterno "Yo Soy" en  Jesucristo

Éxodo 3:13,14
​Introducción:

 El Dios que se revela a sí mismo. 

​Apreciables oyentes, cuando abrimos las Sagradas Escrituras, no estamos leyendo una colección fragmentada de historias humanas o religiosas, sino el relato unificado de un Dios amoroso que busca darse a conocer a la humanidad.

 Para comprender la plenitud del Nuevo Testamento, debemos mirar la semilla plantada en el Antiguo Testamento.

 Hoy nos adentraremos en una de las conexiones biblicas más profundas y hermosas de la fe bíblica: 

La continuidad entre la voz que habló desde la zarza ardiente y la voz del Maestro en las tierras de Israel hace cerca de 2 mil años.

​1. Del Sinaí a la Fuente de Jacob: Éxodo 3:13-14 y Juan 4:26

​En el libro de Éxodo 3:13-14, Moisés, al ser enviado a liberar al pueblo de Israel, le pregunta a Dios por su nombre:
​«Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY (YHWH)... Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.»

​Dios se reveló no como un objeto o un ídolo creado, sino como el Ser Autoexistente, Eterno y Trascendente.

​Siglos más tarde, al lado de un pozo en Samaria, una mujer marginada y sedienta de verdad le dice al Maestro que sabe que el Mesías ha de venir. 

En Juan 4:26, Jesús le responde con una declaración impactante en el griego original (Egō eimi):

​«Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.»

​No es una simple afirmación de presencia; es la manifestación directa del mismo Dios del Éxodo identificándose con la creación que vino a rescatar.

​2. El "Yo Soy" que suple toda necesidad humana

​En el Evangelio según San Juan, Jesús utiliza esta misma expresión divina para mostrar cómo su ser divino satisface el vacío del alma:

​El Pan de Vida (Juan 6:35): En un mundo hambriento de propósito y significado, Jesús se revela como la sustancia eterna que nutre el espíritu, superando al maná temporal del desierto.

​El Agua Viva (Juan 7:37-38): Durante la Fiesta de los Tabernáculos, Jesús clama que de quien cree en Él brotarán ríos de agua viva, ofreciendo una saciedad espiritual que ningún pozo terrenal puede otorgar.

​La Luz del Mundo (Juan 8:12): Ante la oscuridad moral y espiritual de la humanidad, Jesús se presenta como la luz inextinguible que ilumina el camino hacia la verdad y la vida eterna.

En tiempos de caos como el que estamos viviendo, Jesucristo es la Roca para su vida. 

​3. Los otros "Yo Soy" en el Evangelio de San Juan

​Para enriquecer nuestra comprensión de su obra divina, contemplemos brevemente las demás afirmaciones autoritativas del Señor:

​La Puerta de las ovejas (Juan 10:9): El único acceso seguro a la salvación y al redil de Dios.

​El Buen Pastor (Juan 10:11): Aquel que da su vida voluntariamente por el cuidado y rescate de sus ovejas.

​La Resurrección y la Vida (Juan 11:25): El Señor que ostenta la victoria definitiva sobre la muerte física, espiritual y eterna. 

​El Camino, la Verdad y la Vida (Juan 14:6):

 La ruta exclusiva, la realidad absoluta y la vida plena hacia el cielo.

​La Vid Verdadera (Juan 15:1):

 La fuente vital de la cual los creyentes debemos permanecer unidos para dar fruto eterno.

​4. Una advertencia amorosa

Creer para no morir en los pecados
​Es fundamental notar el tono con el que Jesús enseña en Juan 8:21 y 24. 

No es una amenaza punitiva, sino una advertencia pedagógica y llena de misericordia:

​«Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que Yo Soy (Egō eimi), en vuestros pecados moriréis.»

​¿Por qué es esto tan vital?

 Porque la religiosidad externa, el cumplimiento de ritos o la adhesión a tradiciones humanas no tienen la capacidad de borrar la culpa del pecado.

 La salvación requiere reconocer la identidad real del Salvador. 

El mismo que declaró su eternidad ante Moisés en Éxodo 3:14 es quien ofreció su vida en la cruz en Juan 4:26 y Juan 8.

 Rechazar quién es Él implica permanecer en el estado de separación de Dios.

 La sinceridad religiosa por sí sola no salva; solo la fe fundada en la verdad revelada por Dios puede redimir.

​5. Del dogma de la tradición al mensaje bíblico y apostólico

​Hacemos hoy una invitación fraternal a examinar la fe a la luz del testimonio apostólico.

 Muchas veces nos abrazamos a filosofías, dogmas o tradiciones transmitidas por siglos de religiosidad humana que han opacado la sencillez y la fuerza del Evangelio.

​El llamado de la Escritura no es a seguir un sistema de creencias rituales, sino a confiar plenamente en el mensaje apostólico manifestado en las Sagradas Escrituras:

 Ma revelación clara y viva de Dios en  Jesucristo.

​6. Llamado a la Fe: Jesucristo, el Dios Único y Eterno

​Concluimos este tiempo reconociendo que Jesucristo no es simplemente un profeta noble o un ser creado de un rango superior. 

Las Escrituras atestiguan de manera firme la plenitud de la Deidad manifestada en Él:
​Isaías 9:6: Profetizó que el niño que nos nacería sería llamado «Dios Fuerte, Padre Eterno».

​Juan 1:1, 14: Nos enseña que el Verbo que era Dios y estaba con Dios se hizo carne y habitó entre nosotros.

​Juan 10:30: Jesús afirmó con claridad: «Yo y el Padre uno somos.»

​Juan 14:9: Al responder a Felipe, el Señor dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.»

​Colosenses 2:9: El apóstol Pablo confirma que «en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad».

​1 Juan 5:20: Juan concluye su epístola recordando que «estamos en el Verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna.»

​El Todopoderoso que habló en el Sinaí, el Dios eterno sin principio ni fin, caminó entre nosotros en la persona de Jesucristo para darnos salvación.

 Hoy la invitación permanece abierta: abramos el corazón a esta verdad gloriosa, abandonemos los apoyos vanos de la tradición humana y creamos con todo nuestro ser en el divino "Yo Soy", quien nos ofrece perdón, luz y agua de vida eterna. Amen.

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