LA RUTA HACIA LA REDENCIÓN


1. El Propósito de la Redención

2 Corintios 5:17-21

«De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación... Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.»


Explicación:

El punto de partida de nuestra fe y la meta final del sacrificio en la cruz es la reconciliación. El ser humano, separado de su Creador a causa del pecado, no podía restaurar esa relación por sus propios méritos ni esfuerzos. Jesucristo, siendo completamente inocente y libre de pecado, tomó sobre Sí la responsabilidad de nuestras faltas. En ese bendito intercambio, Él asumió nuestra condición pecaminosa para que nosotros recibiéramos la justicia de Dios y pudiéramos comenzar una vida verdaderamente nueva.

2. La Promesa Trazada desde el Origen

Génesis 3:15

«Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu descendencia y la descendencia suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.»


Explicación:

El camino hacia el Calvario no empezó como una medida de emergencia en las afueras de Jerusalén, sino que fue trazado por Dios desde el principio de la historia humana. Inmediatamente después de la caída, Dios emitió la primera promesa mesiánica (Protoevangelio). En ella se anunció que, aunque el enemigo causaría una herida temporal, vendría de la simiente de la mujer Un Redentor que aplastaría de manera definitiva la cabeza del adversario.

3. La Provisión Divina del Sacrificio

Génesis 22:8

«Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos.»


Explicación:

Frente al dilema de Isaac al no ver al animal para el sacrificio, la respuesta profética de Abraham trascendió su momento histórico. 

No se trataba únicamente de un cordero físico para ese altar momentáneo en el monte Moria, sino de una declaración que apuntaba directamente hacia el Calvario. Dios no exigió al ser humano lo que este no podía pagar; en su lugar, Dios mismo proveyó el Cordero perfecto y definitivo para saldar la deuda de la humanidad.

4. La Sustitución y la Protección de la Sangre

Éxodo 12:12-13

«Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito... Y la sangre os será por señal en las casas donde estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad...»


Explicación:

En la noche de la Pascua en Egipto, el pueblo de Dios aprendió el principio del sustituto inocente. La ira justa de Dios contra el pecado requería un juicio, pero la sangre del cordero untada en los postes y dintel de las puertas servía de refugio. Cuando el juicio pasaba, no se miraba el mérito de los habitantes dentro de la casa, sino la presencia de la sangre aplicada. Aquellos corderos eran una sombra del Cordero verdadero cuya sangre nos libra del juicio eterno.

5. El Padecimiento del Siervo Sufriente

Isaías 53:4-5

«Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.»


Explicación:

Siglos antes del nacimiento de Jesús, el profeta Isaías describió al detalle el sufrimiento físico y espiritual del Mesías. Cristo no padeció por faltas propias, sino por las nuestras. En Su cuerpo y en Su alma cargó con las heridas, la humillación, el rechazo y el castigo que nos correspondían. 

Cada herida física

 

Laceración: Los 39 azotes que desgarraron su cuerpo.

Contusión: Las bofetadas y golpes sufridos en el rostro y la cabeza.

Punción: La corona de espinas incrustada en su cabeza.

Perforación: Los clavos que atravesaron sus manos y pies.

Incisión: La lanza que traspasó su costado.

Las 5 Heridas Emocionales y del Alma

Rechazo, abandono, humillación, traición (el beso de Judas) e injusticia institucional.) y cada quebranto emocional ejecutaron el pago completo para traer sanidad y paz a nuestra vida.

6. El Gran Intercambio en el Tribunal

Juan 3:16

«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.»


Explicación:

Durante los juicios injustos ante los tribunales religiosos y romanos, la multitud escogió liberar a Barrabás —un rebelde y asesino que merecía la muerte— y condenar a Jesús, un hombre Santo e inocente. Este acontecimiento revela la naturaleza misma del Evangelio: Barrabás representa a cada uno de nosotros.

 Cristo tomó nuestro lugar en la plataforma del juicio, recibiendo nuestra condena para que nosotros, merecedores del castigo, saliéramos libres bajo el inmenso amor del Padre.

7. Muerte por Gracia al Inmerecido

Romanos 5:8

«Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.»


Explicación:

El amor de Dios no esperó a que el ser humano se reformara, se limpiara o demostrara ser digno. 

Así como Barrabás no hizo nada para merecer su liberación ni mostró gratitud inmediata, Cristo caminó hacia la cruz sabiendo la debilidad de la condición humana.

 La salvación es un acto absoluto de gracia: cuando no teníamos fuerza ni mérito para libramos del pecado y del infierno, Jesús se entregó por completo en nuestro lugar.

8. El Poder del Evangelio de la Victoria

Romanos 1:16-17

«Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.»


Explicación:

El Evangelio no es un sistema de filosofías ni una lista de reglas humanas; es el poder dinámico de Dios (dunamis) actuando a favor de los que creen. 

Este mensaje abarca la muerte, la sepultura, la resurrección y la ascensión de Jesucristo. 

Nos revela que la justicia no se alcanza mediante el esfuerzo propio, sino descansando por fe en la obra consumada por el Salvador en el Calvario.

9. La Plenitud de Dios en la Vida del Creyente

Mateo 1:23

«He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.»


Explicación:

La obra redentora de Dios se despliega en tres grandes verdades manifestadas a la iglesia:

  1. Nacimiento: Muestra a Dios con nosotros (Emanuel), viniendo en carne al mundo.
  2. Resurrección: Proclama a Dios por nosotros, venciendo a la muerte y al pecado en la cruz.
  3. Pentecostés: Revela a Dios en nosotros, a través de la presencia e inmersión del Espíritu Santo en la vida de cada creyente.

​Hoy no es necesario esperar una fecha para experimentar esta plenitud; el mismo Cristo resucitado está dispuesto a perdonar, llenar y transformar a todo aquel que rinde su vida ante el Salvador del Calvario...

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