MANTENIENDO AL ESPIRITU SANTO
Manteniendo Encendido el Fuego Divino
Texto Bíblico: 1 Tesalonicenses 5:19 (RVR1960)
“No apaguéis al Espíritu.”
Introducción
Ilustración: Pensemos por un momento en una fogata en una noche fría y oscura. Esa fogata provee dos cosas vitales: luz para ver el camino y calor para protegernos del frío. Mientras el fuego esté encendido, hay seguridad y dirección. Pero si dejamos de alimentarlo, o si le echamos agua, se apaga, y lo que queda es frío, oscuridad y cenizas.
El Contexto: El apóstol Pablo está cerrando su carta a los tesalonicenses con una ráfaga de instrucciones directas, cortas y urgentes. En el griego original, la expresión utilizada implica “dejen de apagar” o “no sigan extinguiendo” el fuego. Pablo compara la presencia y la actividad del Espíritu Santo en la vida del creyente con una llama sagrada.
Pregunta de Reflexión: El Espíritu Santo es Dios y es todopoderoso, por lo tanto, no podemos destruir su esencia. Sin embargo, la Biblia enseña que sí podemos limitar, sofocar o apagar su influencia y manifestación en nuestras vidas. ¿Está tu fuego espiritual ardiendo hoy, o quedan solo brasas y humo?
I. ¿Cómo se manifiesta el Fuego del Espíritu en nosotros?
Antes de entender cómo se apaga, debemos recordar qué hace ese fuego cuando está encendido:
Produce convicción y santidad: El Espíritu Santo es el "fuego purificador" que nos muestra el pecado y nos impulsa a una vida limpia.
Produce pasión y servicio: Es el que nos da el denuedo, las ganas de orar, de compartir la Palabra y de servir al prójimo. El fuego quema la apatía.
Produce guía y discernimiento: Ilumina nuestro entendimiento para comprender las Escrituras y tomar decisiones sabias.
II. ¿Cómo apagamos al Espíritu Santo? (Los "Extintores" Espirituales)
El fuego no se apaga solo; se apaga por negligencia o por acción directa. Apagamos al Espíritu cuando:
Ignoramos su voz (La Indiferencia): Cuando el Espíritu nos redarguye sobre un mal pensamiento, una mala palabra o una mala actitud, y decidimos ignorarlo persistentemente, la voz se va haciendo cada vez más sorda en nuestro corazón.
Alimentamos la carne (La Tolerancia al Pecado): El fuego y el agua no coexisten. El apóstol Pablo también dijo en Efesios 4:30: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios”. El pecado oculto, la amargura, el rencor y la desobediencia actúan como baldes de agua fría sobre la obra del Espíritu.
Despreciamos la Palabra y la Oración (La Negligencia): La oración y las Escrituras son el oxígeno de la vida espiritual. Una vida sin comunión es una vida donde el fuego se ahoga por falta de oxígeno.
Apagamos los dones y el mover comunitario: El versículo siguiente (v. 20) dice: “No menospreciéis las profecías”. Apagamos al Espíritu cuando nos volvemos escépticos, rígidos o cuando rechazamos el obrar legítimo de Dios en la iglesia local por temor o comodidad.
III. ¿Cómo mantener encendida la Llama?
En el Antiguo Testamento, Dios les dio una orden perpetua a los sacerdotes en Levítico 6:13: “El fuego arderá continuamente en el altar; no se apagará”. Hoy, nosotros somos ese altar y ese sacerdocio.
Añade leña diariamente (Disciplinas Espirituales): La oración constante, la lectura de la Palabra y la comunión con los hermanos son la madera que mantiene viva la combustión espiritual.
Limpia las cenizas (Arrepentimiento Continuo): Las cenizas del ayer (viejos rencores, desánimos, fracasos o pecados no confesados) ahogan el fuego nuevo. Necesitamos un arrepentimiento diario que limpie el altar.
Aviva el don que hay en ti: Pablo le dijo a Timoteo: “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti” (2 Timoteo 1:6).
Avivar requiere esfuerzo, requiere intencionalidad, requiere comenzar a actuar y a servir aunque no "sintamos" ganas al principio.
Conclusión y Llamado
Hermanos, la vida cristiana no se puede vivir a "media marcha" o bajo el frío de la religiosidad nominal. El mundo de hoy está lleno de corrientes que quieren congelar nuestra fe, nuestra pasión y nuestro compromiso con el Reino de Dios.
Hoy el Señor nos hace un llamado urgente y tierno a la vez: “No apaguéis al Espíritu”. No dejes que la rutina, el desánimo, las heridas del camino o la distracción del mundo extingan la obra más preciosa que Dios ha puesto dentro de ti.
Invitación: Oremos hoy para pedir perdón si hemos estado sofocando su voz. Pidámosle al Espíritu Santo que sople un viento fresco sobre nuestras vidas, que consuma la hojarasca del pecado y que encienda de nuevo una pasión inquebrantable por su presencia. ¡Que nuestro altar vuelva a arder!
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