LES HABLARÁS MIS PALABRAS

LES HABLARÁS MIS PALABRAS

Pasaje: Ezequiel 2:1-8. 

INTRODUCCIÓN
La predicación de la palabra de Dios, es un mandato presente en el AT y en el NT. NO es fácil, sobre todo cuando sabes que ese pueblo, a quien le vas a predicar, no quiere escucharte; pero hay que hacerlo por obediencia y para que quede bien en claro, que nunca faltó en la historia, Palabra de Dios. Basados en nuestro pasaje de hoy, veamos sobre Dios y el mensajero.

DIOS FORTALECE AL MENSAJERO (vv. 1-2)

Ezequiel es levantado como profeta de Dios. No irá a pueblo extraño, irá a su propio pueblo, pero es un pueblo rebelde (vv. 3b, se repite 3 veces; 5b; 6b; 7b; 8b). 

No es fácil predicar a un pueblo rebelde. Es una de las tareas mas duras para el predicador. Es fácil predicar a un pueblo que aplaude, dice «gloria a Dios», «aleluya»; pero que difícil es predicar a un pueblo rebelde, que no quiere escuchar.    
Dios lo sabía, por eso, antes de enviar al profeta o mensajero, él lo fortalece. Dice el v. 2, «Y luego que me habló, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies…» Ayer y hoy, antes de ser ungidos y enviados como mensajeros, necesitamos ser fortalecidos por el Espíritu de Dios.  

Aplicación. Busca la llenura del Espíritu Santo, para que tus pies sean afirmados; caso contrario, te rendirás ante el pueblo rebelde. 

Los que no son fortalecidos por el Espíritu, flaquean, sus pies se cansan; luego dejan la tarea. En el NT, esto también sucedió. Para que ellos fueran testigos o mensajeros de la Palabra, tenían que recibir el poder de Dios (Hch. 1:8).

DIOS ENVÍA AL MENSAJERO (vv. 3-4)

Una vez fortalecido los pies del profeta, ahora él está preparado para ir. No va a un pueblo extraño, de lengua extraña. Va a su propio pueblo. No crean que esto es mas fácil; pues Jesús dijo que «nadie es profeta en su propia tierra»

El pueblo de Israel tenía tres características, todas ellas negativas: 
(1) eran rebeldes; 
(2) eran de duro rostro; (corazón duro) y;
 (3) de empedernido corazón (tercos). 

¿A quién le gustaría predicarle a un pueblo así? Que dura tarea le esperaba a Ezequiel.
Pero él era fiel. Ezequiel sabía que Israel no lo iba a escuchar (3:7), pero aceptó el envío, por obediencia a Dios. 

Solo tu fidelidad y obediencia, te sostendrá, cuando vayas a predicarle a este pueblo rebelde de Tacna o a cualquier otro pueblo. A pesar que sabes que no querrán oírte, ¡no te detengas! 

Aplicación. Con razón dice Pablo en Romanos 10:15, «… ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!». Tu vida se hace mas hermosa, cuando anuncias buenas nuevas. 

No te hermosea la ropa externa, una buena corbata, o un buen maquillaje; te hermosea la obediencia al mandato de predicar. Nunca lo olvides.


 
DIOS LE EXPLICA AL MENSAJERO, LA RAZÓN DE SU ENVÍO (v. 5).

Dios no le envía a Ezequiel, porque el pueblo quiere escuchar Palabra de Dios. Ellos eran rebeldes y Dios se lo había recordado al profeta (como ya lo hemos visto al inicio)..

Ezequiel sabe que le predica a un pueblo que no quiere escucharlo. Esto es incómodo para cualquier predicador. No predicamos porque les caemos bien a la gente, y nos quieren escuchar, predicamos por obediencia al mandato del Señor.

Otras veces, las personas simularán que quieren escucharte y te elogiarán engañosamente. Te oirán, pero no querrán obedecer a la Palabra (Ez. 33:32). 

Hoy los que predican la Palabra de Dios, son como Noé, que nadie escuchó; como Ezequiel, que nadie escuchó. La historia se repite, lamentablemente.

Aplicación. No prediques porque la gente quiere escuchar, pues muchas veces, más bien, no quieren escuchar. Predica para que todos sepan que siempre hubo profeta en medio de ellos. Para que haya testimonio de que nunca faltó palabra en medio de ellos. El día del juicio, a los que digan «no sabía», Dios les dirá: «no faltó profeta entre ustedes, no faltó Palabra entre ustedes y ustedes fueron rebeldes»   

DIOS LE ACLARA AL MENSAJERO, EL CONTENIDO DEL MENSAJE (vv. 7-8)

Ezequiel no es comisionado a predicar de sí mismo. Dios le dijo: «Les hablarás, pues, mis palabras…» (v. 7). Frente a esto, no hay margen que valga. Dios le delimitó el terreno al profeta Ezequiel, le señaló el contenido del mensaje. Frente a esto, no podemos ser rebeldes (v. 8).

Lamentablemente, muchos predicadores hoy, pasan mucho tiempo en su sermón, predicando sobre psicología, mundo empresarial o sus historias personales; dejando de lado la Palabra de Dios. 

Este mandato, no solo está en el AT, en el NT, Pablo también se lo dejó claro a Timoteo. «Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra...» (2 Tim. 4:1-2)   

No está mal del todo, dar un poco (solo un poco) de nuestro testimonio durante la predicación. Pero, el predicador o mensajero, nunca debe olvidar, que el contenido del mensaje son las palabras de Dios. No debemos de sucumbir a predicar de nosotros mismos, pues nuestra tarea, como iglesia, es predicar de la Palabra (desde Génesis hasta Apocalipsis).

Aplicación. No predicamos porque las personas nos quieren escuchar, predicamos porque es un mandato de Dios. Por eso Dios le dijo al profeta: «…escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes» (v. 7b). 

No trates de caer bien a los demás, con tu predicación. A veces la Palabra de Dios es como un martillo (Jer. 23:29) y como una espada que atraviesa y parte el alma (Heb. 4:12). 

CONCLUSIÓN
Ha quedado claro hermano y hermana: Dios nos envía a predicar a un pueblo rebelde. No rehúses, no te excuses, no romantices a la gente, ellos no siempre quieren oír de Dios. Pero debes ir. Pide que Dios te fortalezca con su Espíritu, solo así, tus pies estarán firmes, y podrás cumplir el mandato de Dios de ir por todo el mundo y predicar su evangelio. Se fiel y obediente. AMÉN

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