¿POR QUÉ NO PODEMOS LLEVARNOSBIEN CON LOS DEMÁS?Problemas y soluciones
INTRODUCCIÓN
La manera como nos relacionamos con las demás personas, se llama relaciones interpersonales. Hay relaciones buenas y relaciones tóxicas. En la primera, floreces y tienes una sensación de felicidad; en la segunda, te marchitas, te aíslas y tu mundo se hace oscuro y sin esperanza.
Veamos algunas razones por las cuales no podemos llevarnos bien, y luego algunas soluciones.
1. Porque hay diferentes tipos de temperamentos (formas de ser).
No todas las personas somos iguales. Hay personas que les gusta hablar mucho (los sanguíneos); en el lado opuesto, hay personas que les gusta hablar poco (los flemáticos); también hay personas que les gusta hablar fuerte y con energía (los coléricos) y, finalmente; hay personas que les gusta pensar mucho antes de hablar (los melancólicos). Solo estamos colocando un aspecto, donde se puede ver las diferencias entre las personas, hay más cosas, sin duda.
El flemático va mas lento, y le desespera al colérico. El sanguíneo hace mucho, pero sin planificación, y le desespera al melancólico. El resultado de todo esto, son malas relaciones interpersonales. Esto también aplica a las parejas y familias.
2. Porque tenemos conflictos no resueltos.
Hay conflictos (discusiones, cruce de palabras, rencores, gestos, etc.), que a veces no se resuelven o no se arreglan por años. El resultado de esto, es que ya no deseamos tener relaciones o amistad con esas personas. Hay personas que ya no se hablan más, el resto de sus vidas. Le aplican la «ley del hielo». Algunos dicen: «para mí, esa persona ya murió», «ya fue».
Si los conflictos no se resuelven hoy, serán una carga emocional el resto de tu vida. Vivirás pendiente a que le pase algo malo a la otra persona. Fantasearas con que se enferme, con que se muera, con que le vaya mal en su negocio. Ya no te ocuparás solo de tu vida, pasarás mucho tiempo, averiguando cómo le va a la otra persona y no vivirás feliz.
3. Por la pérdida de la confianza en las personas.
La confianza se pierde por muchas razones. Porque nos decepcionaron, porque nos mintieron, porque nos estafaron; porque no cumplieron su palabra, porque no fueron transparentes, porque se apropiaron ilícitamente de algo, etc. Todas estas cosas anteriores, no deberían haber sucedido en una relación, pero lamentablemente suceden. Cada vez, confiamos menos en las personas, en los dirigentes, en los políticos, en los empresarios. Es difícil llevarse bien, con una persona que ha perdido credibilidad y confianza. Y no es para menos. Eso nos debe llevar a ser cautelosos, y a aspirar que todavía podría haber personas buenas y honestas en el mundo. Quitarle la confianza a alguien, no significa odiarla, solo dejar de creer en esa persona.
Ilustración. El dinero dejado por Ana Luz.
4. Por la envidia.
A veces hay razones justificadas para no llevarnos bien con otras personas; pero a veces nos llevamos mal con otros, solo por envidia. Esta no es una razón justificada. La envidia sucede cuando te enoja que le vaya bien a la otra persona. Cuando te incomoda su éxito, su día de buenas ventas, su casa de cuatro pisos, su auto nuevo, etc. Debido a la envidia, suceden dos cosas en tu vida: (1) hablas mal de la persona, diciendo: «de dónde estará sacando la plata, seguro que…» y, (2) tu salud se afectará, porque tu alma se contamina y se enferma de envidia. Así como hay enfermedades del cuerpo, también hay enfermedades del alma. Las dos te destruyen.
La vida no es una competencia por mostrar quien tiene más, quien vende más, quien tiene el «negocio más grande». Superarte a ti mismo, no significa competir. Muchas competencias, solo están generadas por la envidia. Nunca te llevarás bien, con la persona que envidia.
5. Por falta de entrenamiento en buenas relaciones.
Una de las cosas, por la que todo lo anterior sucede, es porque no sabemos y no hemos sido enseñados y formados en cómo llevarnos bien con los demás. Tenemos que educarnos en cómo llevarnos mejor con las personas y entonces seremos una sociedad con mas alegría, con mas ganas de vivir, con mas ganas de colaborar entre nosotros y construir una mejor nación. Mientras no aprendamos a ponernos de acuerdo, siempre seremos un mercado dividido, una ciudad dividida y una nación dividida. Y eso, nunca hará que podamos salir del subdesarrollo.
6. Porque la maldad destruye las relaciones de las personas.
La maldad en el corazón de las personas, genera que haya planes perversos, divisiones, hogares rotos, amistades perdidas, guerras, asesinatos, etc. Nacemos inclinados siempre hacia lo malo. La educación, puede hacer algo, pero a veces tiene sus límites. La psicología puede hacer algo, pero tiene sus límites. La única persona que puede cambiar vidas, es Dios. Cuando el interviene, aun el corazón más duro, se sana.
Ilustración. Un día, la maldad se propuso destruir el amor de dos personas, no lo lograba. Intento quitándoles el dinero, y la pareja seguía firme. Intento luego quebrantando su salud, y tampoco lo logró. También intentó quemándoles la casa, pero seguían firmes. Frustrada la maldad, intentó con la duda, los celos y la envidia. Sólo así logró destruir a la pareja.
SOLUCIONES
1. Perdona.
La gran medicina del alma, es el perdón. Tú, puedes decidir no perdonar, pero el único afectado serás tú mismo; la otra persona seguirá su vida normal, pero tú te derretirás en el rencor y acabarás tus días en penas. Hay más beneficios en perdonar, que en guardar los rencores. Sí no perdonas, siempre serás un alma atrapada en la cárcel del rencor.
La faltade perdón, nivel psicológico, puede causar ansiedad, depresión, estrés, baja autoestima y neuroticismo. A nivel físico, se ha asociado con enfermedades como hipertensión, problemas gastrointestinales, debilitamiento del sistema inmunológico, dolores musculares y migrañas
2. Entiende que somos diferentes.
Todos tenemos la tendencia de querer que los demás, sean como nosotros. Si somos muy callados, vamos a querer que el que habla mucho, deje de hablar. Si somos muy rapiditos, nos enojarán los lentos, etc. Tenemos que aceptar las diferencias y celebrarlas. ¿Se imaginan que todos fuésemos del mismo temperamento?, sería aburrido. Lo que nos hace una sociedad fuerte, es la diversidad, no la uniformidad.
Ilustración. Una vez un águila se burlaba del pez, porque no podía volar, hasta que lo metieron dentro del mar. Entendió que cada uno es diferente y bueno en sus propias habilidades.
3. Supera las decepciones.
A lo largo de nuestra vida, nos van a decepcionar y vamos a decepcionar a otros. Las personas no somos perfectas. La única persona perfecta, es la que acepta que es imperfecta. Superar las decepciones, es admitir que otros se equivocan y pueden cambiar. Tampoco es celebrar la mediocridad. Supera tus decepciones y elige bien, en quien confiar. Aun eso, podría fallar. Es la vida, no es el cielo aún.
4. Alégrate con los triunfos de los demás.
Lamentablemente, vivimos en un mundo, donde los éxitos y triunfos de los demás, nos entristece. ¿Por qué tiene que ser así? Aprendamos a admirar el talento de otros, el éxito de otros. Pensemos que, si ellos lo lograron, nosotros también podemos hacerlo. No para competir, sino para inspirarnos en los logros ajenos. Deja que tu vida tenga mas sabor, no seas insípido, «chuma». La vida es corta, y debe vivirse con alegría.
5. Edúcate en buenas relaciones.
Antes de desarrollar este punto, quiero felicitarles por haber estado atentos a esta exposición. Es lo que tienes que hacer. No te niegues al cambio. Si sigues así, tu salud se resquebrajará. Mereces lo mejor, pero primero tienes que ser libre de las ataduras del pasado.
6. Abandona la maldad.
Solo Dios puede sanarnos de la maldad. He conocido personas que han cambiado sus vidas, al haber conocido a Dios. Dejaron atrás la envidia, la competencia, las malas lenguas, el enojo, la agresividad y una vida con dinero, pero vacía. Dejar que la maldad nos gobierne y controles, es posible con Dios. Al final, él es más grande que la educación y la psicología.
CONCLUSIÓN
«Alejen de ustedes la amargura, las pasiones, los enojos, los gritos, los insultos y toda clase de maldad. Sean buenos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.» (Ef. 4:31-32, DHH).
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