EL GRITO EN LA CRUZ Dios mío, Dios mío ¿Por qué me has desamparado?.. 10-08-2025
Mateo 27:46: "Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?"
Este es uno de los momentos más profundos y complejos en la crucifixión de Jesús. A primera vista, la frase "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" podría parecer un conflicto con la idea de la unicidad o la co-esencialidad de la Deidad. Sin embargo, desde una perspectiva monoteísta cristiana, se interpreta de varias maneras que no rompen con la unicidad de Dios.
El misterio del abandono divino.
Aquí la explicación desde la unicidad:
La Unicidad de Dios se Mantiene en la Persona de Jesús (Encarnación).
Jesús es Dios manifestado o encarnado: La Biblia sostiene que Jesús no es un segundo Dios, ni un ser creado. Él es el Dios único que ha tomado forma humana (encarnación).
Juan 1:1 dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios." Y Juan 1:14 añade: "Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros."
Plena Deidad y Plena Humanidad: La dificultad radica en que Jesús es plenamente Dios y plenamente hombre al mismo tiempo. Cuando Jesús clama "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", lo hace desde su humanidad. La separación por nuestros pecados. Esta no es una crisis en la unicidad de la Deidad, sino una expresión del sufrimiento humano extremo y la identificación de Jesús con el pecado y el abandono que el pecado provoca.
El Cumplimiento de la Profecía y la Identificación con la Humanidad Sufriente:
Salmo 22:1: Las palabras de Jesús son una cita directa del Salmo 22:1. Este salmo profético describe el sufrimiento del Mesías. Al citarlo, Jesús no solo cumple la profecía, sino que también se identifica con toda la humanidad que ha experimentado el abandono, el dolor y la separación de Dios a causa del pecado. Y lo que van a sentir los que van al infierno: El abandono total de Dios.
Vínculo Sustitutorio: En la cruz, Jesús está cargando los pecados de la humanidad. El pecado crea una barrera entre Dios y el hombre. En ese momento, Jesús, como nuestro sustituto, experimenta la separación que el pecado produce.
Cuando te sientes solo, Dios te entiende.
Esta es una separación experiencial y funcional, no una separación ontológica de la esencia divina. El Padre no "deja de ser" UNO con el Hijo en esencia, pero hay una ruptura en la comunión perfecta debido a la naturaleza del juicio divino sobre el pecado.
NO MATARON A JESÚS
Me encanta esta declaración como título.
Al fin y al cabo, no es que Jesús fuese víctima de su éxito, como uno de los muchos luchadores por la libertad en este mundo. Jesús no murió asesinado, como otros grandes líderes.
Él fue claro al respecto. Una semana antes de morir, dijo: «El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me quita la vida, sino que yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre» (Juan 10:17-18, DHH).
Esto es evidente en la escena cuando Judas se acerca a Jesús en plena noche con unos doscientos soldados bien provistos de armas, con antorchas y lámparas para arrestarle. «Jesús, que sabía perfectamente todo lo que iba a sucederle, salió a su encuentro y les preguntó: ¿A quién buscáis?» (Juan 18:4, BLP).
Cuando Jesús hacía una pregunta, no lo hacía porque no supiera la respuesta. Si Jesús hacía una pregunta, era porque quería que aprendiésemos algo.
Los soldados contestaron: «A Jesús el Nazareno». A lo que Él responde con dos palabras: «¡YO SOY!».
Salió tal fuerza de esas palabras que la guardia judía del templo, los principales sacerdotes y sus siervos se echaron para atrás y cayeron a tierra. ¡Qué despliegue de poder! ¡Ni siquiera pueden apresar a Jesús!
El poder sobrenatural que hace que los hombres se desplomen está en la respuesta que da Jesús.
Literalmente dijo: ego eimi (‘Yo soy’). Son las mismas palabras con las que Dios se reveló a Israel. (Exodo 3-14)
En dos palabras, Jesús deja claro que Él y Dios Padre son uno y el mismo ser, demostrando su grandeza al mostrar su poder a los gobernantes de esta tierra.
PREGUNTA: ¿Puedes describir quién es Jesús para ti?
Vemos que Jesús tenía el control absoluto sobre la situación la noche antes de morir. En el momento en que los soldados, provistos de armas, con antorchas y lámparas, cayeron al suelo por el poder de Dios, se desató el caos total. ¿Te lo puedes imaginar? En ese momento, Pedro ve su oportunidad. Quiere poner en práctica lo que había dicho antes: «Señor, no solo estoy dispuesto a ir contigo a la cárcel, sino también a la muerte» (Lucas 22:33, RVC).
Pedro se ha preparado bien, pues lleva una espada bajo la túnica. Cuando los soldados intentan acercarse, él ataca al que tiene más cerca. Resulta ser Malco, siervo personal del sumo sacerdote Caifás. Pedro probablemente intenta cortarle la cabeza, pero Malco salta hacia un lado, justo a tiempo, de tal manera que solo le corta la oreja derecha. La sangre le brota de la cabeza. Grita.
¿Y qué hace Jesús en medio del caos? Se enfrenta a Pedro: «Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada, a espada perecerán. ¿O piensas que no puedo rogar a mi Padre, y Él pondría a mi disposición ahora mismo más de doce legiones de ángeles?» (Mateo 26: 52-53, LBLA).
Doce legiones de ángeles, es decir, nada menos que 72.000 ángeles que ayudarían a Jesús si se lo pidiera. Pero, ¿qué hace Jesús? Recoge la oreja y la coloca milagrosamente en la cabeza del siervo del sumo sacerdote.
En el caos de esta noche, Jesús hace un milagro de creación. Luego les mostraré que cuando Jesús hace un milagro, lo hace siempre por una razón.
PREGUNTA: En cada momento de las últimas 18 horas, Jesús tuvo pleno control de la situación. Por lo tanto, puedo confiarle mi vida por completo. ¿Y tú?
La Relación de la Trinidad Vs Unicidad en el Propósito de Redención:
Un Dios, Tres Personas (Perspectiva Trinitaria):
Aunque el monoteísmo bíblico afirma un solo Dios, la Trinidad entienden que este Dios único subsiste en tres personas co-eternas y co-iguales: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Pero la Biblia dice que no son tres dioses, sino tres distinciones o manifestaciones dentro de la única esencia(Deidad) divina.
Unidad de Propósito: En la cruz, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo están en perfecta unidad en el propósito de la redención.
El "desamparo" no significa que el Padre abandonó al Hijo en esencia o que Dios se dividió.
Más bien, es el Hijo, en su humanidad y cargando el pecado del mundo, quien experimenta el horror de la separación que el pecado trae. El Padre, al "desamparar" al Hijo, está dirigiendo Su ira justa contra el pecado en el Hijo, quien actúa como el sacrificio perfecto.
Esta acción es un acto de unidad divina para lograr la salvación.
Dios Consigo Mismo: En cierto sentido, es Dios (el Hijo) experimentando el juicio de Dios (el Padre) sobre el pecado en nombre de la humanidad. Es la única manera en que el Dios santo puede expiar el pecado sin comprometer Su justicia.
En resumen:
Cuando Jesús clama en Mateo 27:46, no está indicando que hay dos dioses, o que la unicidad de Dios se ha roto.
Lo que está expresando es:
Su profundo sufrimiento humano y la agonía de cargar el pecado del mundo.
El cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento.
La experiencia de la separación del Padre que el pecado produce, aunque esta separación no es de esencia sino de comunión.
Un acto de amor y obediencia perfecto dentro de la unicidad de la Deidad para llevar a cabo la redención de la humanidad.
El monoteísmo bíblico se mantiene firmemente. El Dios de la Biblia es uno, y este acto en la cruz es el acto supremo de ese único Dios para reconciliar al mundo consigo mismo, demostrando Su justicia y Su amor a través de la persona de Jesucristo.
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