Bautismo de Jesús 07-08-2025
La Unicidad de Dios en el Bautismo de Jesús (Mateo 3:13-17) ...
El bautismo de Jesús es un pasaje fundamental que, si bien presenta a "tres" elementos (la voz del Padre, Jesús el Hijo, y el Espíritu Santo como paloma), se interpreta teológicamente dentro del marco de la unicidad de Dios. Para entender esto, es vital comprender cómo el cristianismo monoteísta explica esta manifestación:
La Voz del Padre: La Manifestación de la Soberanía Divina
En Mateo 3:17, leemos: "Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia."
Unicidad y Autoridad: La voz que se oye es la del Padre. Esta voz no es la de un dios diferente, sino la manifestación audible de la única y soberana Deidad. Es la misma voz que habló en la creación, que dio la ley a Moisés y que se reveló a los profetas. Su voz declara la identidad y el propósito de Jesús, afirmando su relación única con Él.
No hay otra voz divina que compita con esta autoridad.
Monoteísmo Absoluto: El monoteísmo bíblico afirma que hay un solo Dios, un solo Creador, un solo Soberano. La voz del Padre es la confirmación de que Él es el único Dios, y que Jesús es Su legítimo representante (Imagen visible del Dios invisible Colosenses 1-15 NTV) y el cumplimiento de Sus promesas.
Jesús en el Bautismo: La Encarnación del Único Dios
Mateo 3:13 nos dice que Jesús "vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él."
Dios Revelado en Carne Mateo 1-21,23: Desde la perspectiva cristiana, Jesús es la manifestacion del único Dios. Él no es un segundo dios o un dios menor. La Biblia enseña que "en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad" (Colosenses 2:9). Su bautismo es un acto de identificación con la humanidad y de sumisión al plan divino, no una separación de la unicidad de Dios.
Un Solo Redentor: La función de Jesús como Redentor y Salvador es única y proviene del único Dios. No hay otros salvadores ni otros medios de reconciliación con Dios. Su presencia en el Jordán es la acción del único Dios que se hace accesible a la humanidad para llevar a cabo Su propósito de salvación.
El Espíritu Santo como Paloma: La Presencia Activa del Único Dios
Mateo 3:16 describe: "Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él."
El Poder Divino: El Espíritu Santo no es una tercera deidad o persona separada, sino la presencia activa, el poder y la autoridad del único Dios. Es la forma en que Dios opera en el mundo y en la vida de los creyentes. La paloma es una representación simbólica de Su pureza, paz y la forma en que desciende y se posa sobre Jesús.
Un Solo Espíritu: La Biblia habla de "un solo Espíritu" (Efesios 4:4). Este Espíritu es el único Dios, porque Dios es Espiritu Juan 4-24 y es el medio por el cual Dios interviene, capacita y guía. Su manifestación en el bautismo de Jesús es la unción divina que lo empodera para Su ministerio, y esa unción viene del único Ser divino.
La Interpretación Monoteísta de la teología cristiana, si bien habla de Padre, Hijo y Espíritu Santo, no lo hace dentro del marco que enseña la Trinidad, que es la doctrina de que hay un solo Dios que existe eternamente como tres personas co-iguales y co-eternas.
Estas "NO son personas" ni dioses separados, sino distinciones, oficios o funciones dentro de la única esencia divina.
Así, en el bautismo de Jesús, no hay tres dioses o personas actuando, sino el único Dios monoteísta manifestándose de tres maneras distintas en un mismo evento crucial para la historia de la salvación.
La voz del Padre: Declara la identidad y aprobación.
Jesús el Hijo: Se somete y es ungido para Su misión.
El Espíritu Santo: Desciende para capacitar y confirmar. Ademas, era una señal para Juan El Bautista. (Juan 1-29.33...)
Cada manifestación subraya la naturaleza indivisible de Dios y Su participación completa en este evento. No se rompe la unicidad, sino que se revela la complejidad y riqueza de cómo el único Dios se relaciona con Su creación y lleva a cabo Su plan.
El Señor se complace derramando el Espíritu Santo sobre su hijo.
Aplicación simbólica del bautismo en la vida cristiana
El bautismo de Jesús no es solo un evento histórico, sino también un poderoso símbolo que resuena en la vida de cada creyente. De manera similar a lo que ocurrió en el Jordán, una persona que se vuelve cristiana experimenta un doble bautismo, uno en agua y otro por el Espíritu Santo, que refleja su nueva identidad y propósito.
El bautismo en agua: Muerte, resurrección y confesión pública
Al igual que Jesús se sumergió en el agua del río Jordán, el bautismo en agua es una confesión pública de la fe de un creyente. Más que un simple ritual, simboliza un acto de muerte y resurrección espiritual.
Muerte al viejo yo: Al ser sumergido en el agua, el creyente simboliza el fin de su vida anterior, marcada por el pecado. Es una declaración de que la persona ha "muerto" a su antigua forma de vivir y ha dejado atrás su pasado.
Resurrección a una nueva vida: Al ser levantado del agua, el creyente simboliza su resurrección a una nueva vida en Cristo. Así como Jesús resucitó, la persona es levantada para vivir bajo el propósito divino, caminando en obediencia y rectitud.
Este acto es una demostración física de una transformación interna. Es un paso de fe y obediencia que declara públicamente la aceptación de Jesús como Señor y Salvador.
El bautismo por el Espíritu Santo: La unción y el poder para el ministerio
Así como el Espíritu Santo descendió sobre Jesús en forma de paloma, el bautismo por el Espíritu Santo es el poder transformador de Dios que viene sobre el creyente. No es un evento posterior o secundario, sino la unción divina que capacita y fortalece para la vida cristiana.
La unción divina: La venida del Espíritu Santo marca el inicio del ministerio de Jesús. De la misma manera, el creyente es "ungido" y capacitado por el Espíritu Santo para llevar a cabo el propósito de Dios en su vida. Esta unción brinda dones, sabiduría y el poder necesario para ser testigo de Jesús.
La confirmación del Padre: La voz del Padre que declaró a Jesús como su Hijo amado se puede ver reflejada en la paz y la certeza que el Espíritu Santo infunde en el corazón del creyente. Es una confirmación interna de que uno es hijo de Dios y que cuenta con su aprobación.
En esencia, el bautismo en agua es la confesión externa de una nueva identidad, mientras que el bautismo por el Espíritu Santo es la dotación interna del poder divino para vivir esa nueva vida. Ambos son parte integral del proceso por el cual una persona se integra en el plan de salvación de Dios, manifestado por el único Dios monoteísta de diversas maneras.
Comentarios
Publicar un comentario