VERDADES SOBRE BENDECIR O MALDECIR
Pasaje: Num. Caps. 22-24.
INTRODUCCIÓN
Vivimos en un mundo donde la gente maldice con facilidad. Es raro encontrar gente que bendiga. La mayoría, maldice. Desean el mal, odia, envidia, se alegra con la desgracia ajena. Hoy veremos la voluntad de Dios para nosotros.
I. DIOS HA BENDECIDO A SU PUEBLO, Y NO SE PUEDE MALDECIRLO (22:6, 11, 17; 23:8, 13b, 20).
A. Balac era el rey de Moab. Al enterarse de la aplastante victoria de Israel sobre los amorreos, tiene miedo e idea un plan: sobornar a un profeta, llamado Balaam, para maldecir a Israel, y así derrotarlo.
B. Esto es un imposible. Dios bendijo a Israel, desde antes que se formase como nación. A Abraham, padre de la nación, le había dicho: «de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz» (Gn. 22:17-18). Esta bendición, nadie la puede cambiar, porque es un pacto eterno.
C. Balaam, a pesar que estaba seducido por el dinero, y quería intentarlo, sabía bien que no podía cambiar este pacto de bendición. Por eso dijo: «¿Por qué maldeciré yo al que Dios no maldijo?» (23:8a). Y luego: «He aquí, he recibido orden de bendecir; Él dio bendición, y no podré revocarla» (23:20).
D. Aplicación. La última movida de Balac, fue, si no se puede maldecir al pueblo de Dios, que tampoco se le bendiga (23:25). Así también es el diablo y el mundo, al saber que nadie puede maldecirte, buscarán que nadie te bendiga. Una vez más, están equivocados.
II. DIOS CUIDA LA BENDICIÓN, DEL PUEBLO QUE HA BENDICIDO (22:12, 20b, 38b; 23:26b).
A. El principal «guardián» de la bendición, es Dios mismo. Si el te bendijo, y lo ha hecho, él mismo se encargará de proteger esa bendición.
B. Balaam sabía que no podía oponerse a Dios, aunque seguía movido por el ofrecimiento de oro, plata y honras, tuvo que obedecer a Dios. La orden fue clara: «No vayas con ellos, ni maldigas al pueblo» (22:12).
C. Ni todo el dinero del mundo, podrá quitarte la bendición de Dios. A Balaam le ofrecieron una «casa llena de plata y oro» (22:18b; 24:13) para maldecir a Israel, pero no pudieron hacerlo.
D. Aplicación. Recuerda siempre que Dios, quien te bendijo, será el protector de la bendición. No tengas miedo de lo que intenten otros. Podrán hacer muchos planes contra ti, pero no prosperarán.
III. DIOS CAMBIA LA MALDICIÓN, EN BENDICIÓN PARA SU PUEBLO (23:11b; 24:10b).
A. El diablo y el mundo son tan torpes, que cuando creen que te van a quitar la bendición, lo único que hacen, es provocar mayores bendiciones para ti.
B. Balac está enojadísimo. En lugar de maldecir a Israel, lo único que logró, fue el efecto contrario. Sus palabras son: «¿Qué me has hecho? Te he traído para que maldigas a mis enemigos, y he aquí has proferido bendiciones» (23:11b).
C. Balaam fue convocado para maldecir a Israel, pero, al final y por intervención de Dios, terminó bendiciéndolo hasta tres veces (24:10b). Tus enemigos, al intentar lanzar maldiciones sobre ti, solo conseguirán, que seas tres veces bendito, delante de Dios.
D. Aplicación. Así es el Dios que adoramos. Él cambia la maldición, en bendiciones abundantes. No le temas a las maldiciones del mundo o de tus enemigos; lo único que lograrán, es bendecirte más.
IV. DIOS BENDICE A LOS QUE BENDICEN A SU PUEBLO, Y MALDICE A LOS QUE LOS MALDICEN (24:9b).
A. No hay manera de ganarle a Dios. Lo que se siembra se cosecha. Si siembras bendición en otros, recibirás bendición para ti y tu descendencia. Pero también, si siembras maldición en otros, cosecharás maldición.
B. Toda esta historia de Balac y Balaam, termina con estas palabras: «¡Bendito sea el que te bendiga, y maldito el que te maldiga!» (DHH).
C. Balac y su pueblo, fue maldecido por Dios, por intentar maldecir a su pueblo. Israel hasta ahora existe, Moab fue borrado de la tierra (Jer. 48:9). Los que te maldicen, serán arrancado, tu, seguirás bien plantado, si eres fiel a Dios. Tú, te levatarás como león «He aquí el pueblo que como león se levantará, y como león se erguirá» (23:24a).
D. Aplicación. Nunca maldigas a nadie. Ya sabes el principio de siembra y cosecha. Mejor bendice, aun a tus enemigos, pues eso nos enseñó Jesús; y así la bendición que das, regresará a ti como bendición multiplicada. Nunca olvides esto. Por nada del mundo, maldigas a alguien.
CONCLUSIÓN
Dios no miente, ni se arrepiente, de la bendición que ha declarado sobre ti. No temas, por mas que otros busquen maldecirte, la bendición de Dios está garantizada, no sólo porque él es principal guardián de la bendición, sino porque Dios no cambia. Nadie puede quitarte la bendición que él declaró sobre ti. Los que lo intentan saldrán frustrados y derrotados. Dice el 24:25b, que «Balac se fue por su camino». Así terminarán los que quieran maldecirte.
AMÉN.
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