LA PASCUA ANTIGUA Y LA NUEVA
Pasaje: Num. 28:16-25.
INTRODUCCIÓN
La Pascua es una celebración que Dios ordenó a Israel. Debido a eso, se convierte en una fiesta solemne. Pero, en el Nuevo Testamento, esta Pascua, se entiende y practica de otra manera. Hoy basados en varios pasajes del AT y NT, vamos a entender lo que es la Pascua antigua y nueva.
I. ¿CUÁNDO SE CELEBRABA? (v. 16).
A. El pasaje es muy claro al respecto: «Pero en el mes primero, a los catorce días del mes, será la pascua de Jehová». Esto quiere decir, a la mitad del primer mes, llamado Nisán. Este mes, no coincide con nuestro primer mes, que es enero. Sucede entre marzo y abril.
B. Comenzaba el día catorce en la noche de luna llena, después del equinoccio de primavera.
C. No se podía celebrar en cualquier fecha, porque la fecha había sido establecida por Dios y no se podía cambiar (cf. 9:2).
D. Aplicación. Las cosas que Dios ordena, no se pueden cambiar por capricho humano. Aunque los cristianos no celebramos la pascua judía, si tenemos muchas ordenanzas, que no podemos olvidar ni cambiar.
II. ¿CUÁNTO DURABA? (v. 17).
A. El pasaje menciona que duraba siete días, es decir, toda una semana.
B. Empezaba el 14 del primer mes y se prolongaba hasta el día 21 de ese mismo mes.
C. Era una fiesta solemne y debía respetarse estrictamente, el tiempo que duraba. Las personas no podían hacer otra cosa diferente.
D. Aplicación. Hoy en día, nuestra celebración de nuestra Pascua cristiana, se recuerda en la religion tradicional en Semana Santa y nosotros cada vez que participamos de la santa cena.
No dura siete días, pero el recordatorio y gratitud del sacrificio de nuestro Cristo, es cada día de nuestra vida.
III. ¿QUÉ SE CELEBRABA? (Ex. 12:17)
A. Se celebraba la liberación de la esclavitud del pueblo de Israel, de manos de los egipcios (Ex. 12:17). Ellos habían sido esclavos por 400 años, pero Dios oyó su clamor y levantó a Moisés para liberarlos.
B. Este fue un hecho de gran trascendencia, porque sólo a partir de ese momento, tendrían una tierra y serían un gran pueblo. Además, en la primera pascua, los primogénitos fueron salvados (Ex. 12:12-13).
C. Debido a eso, no deberían olvidarlo nunca y recordarlo por generaciones (Ex. 12:14).
D. Aplicación. Igualmente, Cristo, nuestro cordero pascual, murió por nosotros en una cruz, y nunca debemos olvidarlo. Quién olvida, deja de agradecer. Y no hemos sido llamados a ingratitud, sino, todo lo contrario (1 Tes. 5:18).
IV. ¿QUÉ SE HACÍA? (vv. 19-24).
A. Se ofrecían sacrificios y se realizaban ofrendas. Esas ofrendas en holocausto, eran: «…dos becerros de la vacada, y un carnero, y siete corderos de un año; serán sin defecto» (v. 19b)
B. Se reposaba al primer día y séptimo día (Num. 28:18, 25; cf. Lv. 23:7).
C. Algo que también se hacía, es comer «panes sin levadura», por siete días (28:17; Lv. 23:6). El que incumplía esto, sea extranjero o israelita, debía ser cortado del pueblo (Ex. 12:19).
D. Aplicación. Algo que hemos olvidado en nuestra pascua cristiana, es ofrecer ofrendas a nuestro Señor. Es cierto que nosotros mismo nos presentamos como ofrendas en sacrificio vivo, pero eso no quita que también hagamos ofrenda material a nuestro Señor.
V. LA NUEVA PASCUA (1 Cor. 5:6).
A. Como ya se mencionó anteriormente, los cristianos ya no celebramos la Pascua del Antiguo Testamento.
B. Pablo dice que nuestra pascua es Cristo. El fue sacrificado como cordero pascual. Por lo tanto, nuestra Pascua, se trata de recordarle y agradecerle a él.
C. Como ya dijimos también, esto se hace en la Semana Santa, cada vez que participamos de la santa cena y cada día al agradecerle por morir por nuestros pecados.
D. Aplicación. Pablo da a entender, que el pan sin levadura, somos nosotros. Para ser «masa nueva», debemos despojarnos de la levadura vieja, que es la vida pasada, cuando éramos del mundo. Somos «masa nueva», cuando vivimos una vida de santidad para Dios.
CONCLUSIÓN
Como cristianos, enfoquémonos en la pascua cristiana, que es Cristo. Nunca olvidemos su sacrificio, pues quien olvida, termina siendo desagradecido. Es cosa terrible olvidar e ignorar, a quién murió por nosotros. NO podemos ser un pueblo desagradecido y olvidadizo; por eso, cada día celebremos una pascua, al recordar a Cristo en la cruz por nosotros. Si lo hacemos, estoy seguro que seremos discípulos agradecidos. Tendremos una sensación de deuda perpetua e impagada, con Cristo; y le serviremos con alegría.
AMÉN.
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