LA ALABANZA QUE DIOS ESPERA
Salmos 34-1
David aprendió su secreto por sí mismo. El manifestó en el Salmo 34:1: "Bendeciré a Jehová en todo tiempo; Su alabanza estará de continuo en mi boca".
No se trata de una alabanza espasmódica y errática. No es la alabanza de cuando las cosas "van bien". No es una alabanza fácil y barata (que no cuesta nada).
No es una alabanza sentimental.
No es superficial y vacía.
Es consistente. Se ofrece a Dios continuamente.
En los buenos tiempos y en los malos tiempos. Cuando todo va bien y cuando nada parece ir correctamente.
En aquellas ocasione en que el "Señor da". Y en aquellas ocasiones en que el Señor quita". Para entonces nos esforzamos en decir: "Sea el nombre de Jehová bendito" (Job 1:21).
Es alabar a Dios cuando un familiar muere y no sabemos por qué.
Es alabar al Señor cuando hay enfermedad y el doctor dice que no hay esperanzas.
Es alabar a Dios cuando se pierde el trabajo. Es alabar a Dios cuando se está a varias millas de cualquier parte, sin abrigo, y con la moto o carro barado.
Es especialmente cuando parece que el cielo es de bronce.
Dios parece estar a kilómetros de distancia. Las oraciones no parecen ser oídas y mucho menos contestadas.
Cuando no se puede pensar en nada por lo que se desee alabar a Dios, pero le alaba a pesar de todo.
Es la alabanza que se ofrece a Dios cuando realmente cuesta hacerlo.
Los sentimientos naturales se resisten a ello. Los amigos le desaniman.
El corazón se siente cargado y sin esperanza de ninguna clase.
El diablo le dice:
"¿Qué razón tienes para alabar a Dios? No se puede esperar que nadie alabe a Dios en tales circunstancias.
Por supuesto que Dios no esperaría tal cosa de su parte. Sería fanatismo".
No obstante, usted sabe en lo más profundo de su ser que Dios es digno de ser alabado.
Está consciente de que aún está sentado sobre Su trono. Todavía es el Todopoderoso, el Dios de todo el universo. No ha cambiado de ninguna manera.
Es el mismo ayer, hoy y por siempre.
¡Alabado sea Su maravilloso nombre!.
2. Es una Alabanza que se Puede Escuchar.
Es el fruto de nuestros labios expresando palabras de adoración. Estos ayudan a verbalizar nuestros pensamientos.
Por lo tanto, el sacrificio de alabanza es algo que nosotros decimos.
Algo que expresamos Satanás puede escucharlo. La gente puede oírlo. Y más importante todavía, Dios puede oírlo.
Fue un sacrificio de alabanza lo que Pablo y Silas ofrecieron a Dios a medianoche, cuando estaban encadenados en la mazmorra más segura de la cárcel.
Les habían echado en prisión por hablar de Jesús.
No eran criminales, ni habían cometido ninguna clase de crimen.
Estaban esparciendo las buenas nuevas del Reino de Dios, y por esa razón los pusieron en prisión.
Les dieron muchos azotes. Sus espaldas estaban abiertas y sangrantes.
Estaban destrozados. Sus heridas eran una lástima.
Sus manos y pies estaban encadenados al cepo.
No podían acomodarse para descansar, aunque lo intentaron.
Ya era medianoche, tiempo en que el espíritu humano está en su estado más decaído; cuando sus espíritus estarían en la depresión y desesperación más intensas.
Es probable que nunca se hubieran sentido con menos deseos de alabar al Señor como en esa ocasión.
Pero a medianoche empezaron a cantar alabanzas a Dios. Abrieron sus bocas y entonaron cantos de alabanzas a Jesús.
¡Cuánto debe haber esto agradado el corazón del Maestro!
Allí estaban dos siervos Suyos, sufriendo ignominia, dolor y desesperación por causa de Su nombre. Languideciendo en prisión porque habían hecho lo que el Señor les había dicho que hicieran.
¿Maldecirían a Dios?
¿Le negarían?
¿Acaso dirían: en qué estábamos pensando para que nos dejaras caer en este lío?"
¿Le culparían diciendo: "no estaríamos en problemas sino fuera por Dios?
¡No! ¡Un millón de veces no!
Por el contrario, comenzaron a cantarle alabanzas: A medianoche En la hora más obscura Cuando todo parece tenebroso y desalentador.
Repentinamente, los cimientos de la prisión empezaron a temblar.
Sus cadenas se soltaron. Me imagino que cuando el Señor les escuchó cantar alabanzas a la medianoche, se sintió tan emocionado que se les unió en sus aclamaciones de "Aleluya", tal vez tan alto que los muros de la prisión comenzaron a temblar.
Aquellos hombres estaban ofreciendo sacrificio de alabanza.
Loaban a Dios a pesar de toda adversidad. Estaban al límite de sus circunstancias y gritaban de todas formas: "¡Gloria a Dios!".
Hay santos de Dios por todo el mundo que todavía ofrecen esta misma clase de sacrificio.
Desde celdas carcelarias en muchas partes de esta tierra, donde los santos de Dios sufren por el testimonio de Jesús, le ofrecen sacrificios de alabanza.
3. Esto Sólo Puede Hacerse a Través de Jesús.
"Por tanto, a través de él ofrezcamos...". Solamente Jesús puede hacer posible esta clases de ofrenda. Por esto Cristo es tan maravillosamente glorificado en esta situación.
El Señor Jesús conoce muy bien que nadie puede ofrecer alabanzas y acción de gracias desde una situación tal, a menos que reciba ayuda del Consolador.
Es la gracia de Jesucristo la que ha realizado el milagro.
Ahí vemos a una persona que podría haber maldecido a Dios en esa circunstancia, pero que dado el triunfo de Su gracia divina en su vida, está magnificándole y expresándole las gracias.
En otras palabras, es igual que si la estuviera diciendo: "Amado Dios, no puedo entender por qué sucede esto, pero de toda maneras te alabo.
No puedo entender por qué tiene que pasarnos esto a mí y a mi familia.
No puedo discernir la razón o el propósito, pero a pesar de todo, yo te alabo".
Cada vez que se ofrece un sacrificio de alabanza, ¡Jesucristo es glorificado!
4. Es Dar Gracias a Su Nombre.
Dios quiere llevarnos al lugar donde podamos sinceramente "dar gracias siempre por todas las cosas".
Efesios 5:20 PDT
Siempre den gracias por todo a Dios Padre en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Primero, Dios nos enseña a darle gracias en todas las cosas. Podemos hacer esto sólo cuando creemos realmente en Su soberanía.
Cuando verdaderamente "...sabemos que todas las cosas ayudan para bien a aquellos que aman a Dios, a aquellos llamados según Su propósito" (Ro.8:28).
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