1. LA CRUCIFIXIÓN, UNA EXHIBICIÓN PATÉTICA?
Recuerdo que cuando se estrenó la película de Mel Gibson La Pasión de Cristo sobre las últimas 12 horas de la vida de Jesús, alguien que la había visto escribió: «Es una película de auténtico intenso sufrimiento. Toda la película gira en torno a la tortura sin sentido de Jesús. Creo que es terrible ver cómo alguien puede morir de una forma tan absurda. ¿De qué sirvió? Me da mucha rabia que dejen morir a gente tan buena de una forma tan inútil».
Esto es lo que a veces suscita la crucifixión de Jesús. Una exhibición patética que el mundo no quiere. Jesús, a los ojos de algunos, es un profeta extraordinario, un maestro ejemplar, un importante defensor de la paz y los derechos humanos que, efectivamente, tuvo un pésimo final. ¿Qué representaba en definitiva su poder? En el mejor de los casos, se convirtió en víctima de su éxito. Tal es el destino de cualquiera que se llame a sí mismo rey en el territorio de un emperador. Lo crucificaron como a un rey desnudo.
Para esta gente, Jesús es alguien que sufrió pacientemente su trágico destino. Una figura patética que tuvo una muerte absurda. Un hombre que acaba destrozado en una cruz.
Un hombre que suscita lástima. Para otros, la Pasión no es más que una fantasía. Para los musulmanes, es una farsa: según el Corán, martirizaron y crucificaron a otra persona en lugar de Jesús. Incluso hay quien afirma que no fue Jesús, sino Judas Iscariote quien acabó en la cruz.
En los próximos días quiero mostrarte por qué creo que necesitamos ver la crucifixión de una manera diferente.
¿Puedo preguntarte qué imagen de Jesús tienes en mente cuando piensas en la agonía por la que pasó?
Quiero mostrarte que Jesús no fue un mártir judío, como otros tantos lo fueron. No fue por desesperación que Jesús se atrevió a ser crucificado. Las últimas 18 horas de Jesús antes de su muerte dan testimonio de una valentía, un amor y una fuerza sin precedentes, como nunca antes se ha visto. En la cruz Jesús nos mostró lo que es el amor perfecto y se revela la grandeza de Dios.
Uno de los discípulos de Jesús escribiría después: «Aquel que es la Palabra se hizo hombre y vivió entre nosotros. Y hemos visto su gloria, la gloria como el Unigenito del Padre, por ser su Hijo único, abundante en amor y verdad» (Juan 1:14, DHH). La noche antes de morir, al final de la cena dw la pascua, Jesús oró estas palabras: «Padre, la hora ha llegado. Glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti» (Juan 17:1).
Las últimas 18 horas son una historia sobrecogedora llena de impactantes contrastes. Una epopeya pascual en la que se ve a un Jesús soberano soportando humillaciones y burlas de forma regia.
Jesús guardó un silencio heroico ante los hombres más poderosos de Jerusalén: el sumo sacerdote Caifás, el rey Herodes y el gobernador Poncio Pilato. Jesús soportó hasta el extremo para mostrarnos el amor de Dios. Se hizo humano para vencer a la muerte en su propio terreno y resucitar a los tres días.
En los próximos días vamos a seguir a Jesús en las últimas 18 horas de su vida. Llegarás a experimentar el amor como nunca antes. Es el amor perfecto de Dios, en el que llegarás a conocerle como realmente es.
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