EL PERDÓN

El sacrificio que hizo Jesús es único, perfecto, absoluto y universal. 

Todos tus pecados fueron comprimidos en esa copa que Jesús bebió por ti.

 Si crees que Jesús hizo esto para salvarte, vas a experimentar que hay poder divino «en la sangre del Cordero» y que se borran todos tus pecados de forma sobrenatural. 

¡Si supieras cómo desea Dios perdonar tus pecados! 

Te ama infinitamente y ha movido cielo y tierra para restablecer la relación contigo. Su perdón no tiene límites. 

No importa lo que haya ocurrido, de dónde eres o cómo de gravemente has pecado; Dios está dispuesto a tomarte en sus brazos como su hijo o hija y perdonarte tus pecados: «La sangre de su Hijo Jesús nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7).

¿Qué le puedes dar a Dios, el Creador de todo? Lo mejor que le puedes dar es la copa de tu vida ―es decir, tu corazón― con tus pecados. Así la muerte de Jesús no fue en vano.

Padre que estás en los cielos:
Sé que necesito el perdón de mis pecados para restablecer mi relación contigo. Creo en el sacrificio que Jesús hizo también por mí. Confieso todos mis pecados y así doy la copa de mi vida a Jesús. Él ha visto mis pecados y los ha experimentado. Gracias, Señor Jesús, porque has bebido mi copa y porque puedo experimentar que me perdonas y que tu preciosa sangre me limpia.

A lo largo de los años, los cristianos han acudido a mí diciendo: «Sé que estoy perdonado y que mis pecados han sido borrados. Pero sigo sintiéndome culpable. ¿Tal vez debería volver a confesarlos?». Estos cristianos experimentan solo parcialmente el milagro del perdón, porque siguen siendo acusados diariamente. ¿Cómo es posible? La respuesta es que Jesús fue acusado falsamente por el sumo sacerdote Anás en nuestro lugar durante el primer interrogatorio. 

Durante el primer interrogatorio, uno de los soldados del templo le da un golpe a Jesús en la cara. El profeta Miqueas profetizó: «¡Con vara herirán en la mejilla al juez de Israel!» (Miqueas 4:14 ó 5:1). Es la segunda vez que Jesús sangra por nosotros. ¿Por qué? Sabemos que el diablo siempre nos acusará. En el último libro de la Biblia, el apóstol Juan tiene una visión y oye una fuerte voz que dice: «El acusador de nuestros hermanos [el diablo], el que los acusa delante de nuestro Dios día y noche, ha sido arrojado. Ellos lo vencieron por medio de la sangre del Cordero y por la palabra de su testimonio» (Apocalipsis 12:10-11, LBLA).

Debido al milagro de la cruz, el diablo ya no tiene derecho a acusarte. Jesús, durante el maltrato, permitió que recayera sobre sí toda acusación y toda culpa resultante de ella. ¿Qué puedes hacer si el maligno te acusa de nuevo de todos modos? La lección más importante que te puedo enseñar es que le ignores, porque mientras sigas respondiendo, él seguirá viniendo. Estás llamado a reinar con Cristo (Apocalipsis 20:4). Reinar con Cristo significa que puedes aprender a descansar en Él y lo que ha hecho por ti.

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