SANANDO PARA AVANZAR 1-05-25
SANANDO PARA AVANZAR
Diapositiva 1
OBJETIVO
Llevar a la persona a un reconocimiento y aceptación de un tiempo que paso, pero que puede demorar o estancar mi crecimiento.
Pasado, presente, futuro
Diapositiva 2
Filipenses 3:13 RVR1960
[13] Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.
[14] prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Diapositiva 3
Sanar es un proceso de reconocer, permitir, aceptar, integrar y procesar las experiencias y emociones dolorosas.
Diapositiva 4
Cuando somos niños, todos los seres humanos estamos expuestos a un sin número de eventos, que pueden y van a marcar una parte fundamental en nuestro desarrollo, unos para bien y otros para mal.
El que da amor debe hacerlo por abundancia y no por carencia; el niño que no tuvo como defenderse del dolor, debe ser superado por un adulto maduro, capaz de emplear todas las fuerzas que posee para curar de una vez por todas y para siempre, las secuelas lacerantes del pasado.
Diapositivas 5
Heridas
Físicas.
Superficiales: Son leves
Profundas: Requieren atención especializada
Emocionales
Abandono
Rechazo
Humillación
Traición
Injusticia
Del alma
Pecado
Falta de confianza en mi mismo
Falta de amor incondicional
Vergüenza
No reconocimiento
DIAPOSITIVA 6
DEBEMOS ACEPTAR QUE LAS HERIDAS EXISTEN
Efesios 4:30-32 RVR1960
[30] Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
[31] Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
[32] Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
Diapositivas 7
EJEMPLOS DE HOMBRES DE LA BIBLIA CON HERIDAS
JOSÉ: Sus hermanos lo vendieron
MOISÉS: Huye de Egipto
DAVID: PECO contra Dios
JACOB: Competía con su hermano
JOB: Dios permitió que Satanás lo probará.
Diapositivas 8
Hay personas que sueñan con libertad pero están amarradas de sus cadenas.
Fortalece tu vida, sigue adelante sigue hacia adelante dejando la carga que llevas atrás.
El Señor Jesús lo dice en Mateo 11:28
Diapositiva 9
El Pasado ya no está, ya no existe. Sólo está en nuestra mente. Y en mi está si dejo que me afecte o no.
Es momento de dejar que Dios entre en lo más profundo y saque, arranque ese peso que no te deja avanzar.
Dios los llamo a libertad.
Gálatas 5-1
Que pasa?
Que pienso?
Que siento?
Que he hecho?
Que consegui?
Con el paso de los años he visto que cristianos sinceros que sabían que Dios había perdonado sus pecados y que la acusación del maligno en sus vidas debía parar, a pesar de todo seguían viviendo con sentimientos de culpa y no se sentían sanos espiritualmente.
Durante años no pude explicármelo realmente, hasta que descubrí lo que significa para nosotros este milagro de Jesús en la cruz.
La sangre de Jesús no solo nos libera de la acusación del maligno, sino que también limpia nuestra conciencia, que nos acusa interiormente:
«La sangre de Jesús limpia nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para que podamos servir al Dios viviente» (Hebreos 9:14, DHH).
Anás envía a Jesús ante el sumo sacerdote Caifás para que sea condenado por el Tribunal Supremo.
Rápidamente convocan a unos cuantos acusadores. Sin embargo, los testigos que acusan a Jesús son falsos y se contradicen entre sí.
Durante el juicio, le ponen a Jesús una venda en los ojos y le abofetean. Se burlan de él, le escupen y le golpean.
También le arrancan pelos de la barba, como profetizó Isaías: «Ofrecí mis espaldas para que me azotaran y dejé que me arrancaran la barba. No retiré la cara de los que me insultaban y escupían» (Isaías 50:6, DHH).
La sangre de Jesús tiene un significado especial.
No solo nos acusa el maligno, también nuestra propia conciencia nos acusa interiormente, haciéndonos sentir culpables.
Por ejemplo, el rey David dice en el
Salmo 51:5 (BLP): «Yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado». Sin quererlo, David sigue viendo en su mente cómo cometió adulterio con Betsabé y cómo mandó matar a su marido.
Es la conciencia contaminada de David la que lo acusa; por eso clama a Dios:
« No sigas mirando mis pecados; quita la mancha de mi culpa. ¡Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio y renueva un espíritu fiel dentro de mí!» (Salmo 51:9-10, NTV).
Hebreos 9:14 (DHH) dice: «La sangre de Cristo limpia nuestra conciencia de las obras que llevan a la muerte, para que podamos servir al Dios viviente».
La palabra griega para ‘conciencia’ también se traduce como ‘conocimiento’.
Los recuerdos del pecado se almacenan en nuestra (sub)conciencia. Lo que ven nuestros ojos una vez puede repetirse en nuestra memoria mil veces.
Los recuerdos del pecado pueden perseguirnos en forma de pesadillas, experiencias revividas o flashbacks, como también experimentó el rey David. En el Salmo 51:5, dice: «Yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado».
Tu conciencia almacena no solo el recuerdo del pecado, sino también el dolor que acompaña al recuerdo del pecado.
Los asistentes sociales profesionales y los consejeros pastorales encuentran difícil o imposible acceder a este dolor, porque reprimimos los recuerdos dolorosos, sobre todo para poder sobrevivir.
A través de los años he visto cómo Dios puede hacer lo imposible y limpiar tu conciencia capa por capa con la sangre del Señor Jesús.
El Espíritu Santo acude y toca amorosamente el dolor que acompañaba al recuerdo del pecado, produciendo así la sanidad interior. Consecuentemente, adquieres la capacidad de no volver a pensar en ello.
Dios nos promete: «Perdonaré su maldad y no volveré a acordarme de su pecado» (Jeremías 31:34, RVC).
La palabra hebrea usada significa ‘traer algo a la memoria’, así que Dios tiene la capacidad de no recordarlo más.
Esto es lo que ocurre contigo cuando el Señor Jesús te limpia la conciencia, adquieres tú también la capacidad de no tenerlo presente en tus pensamientos.
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