9. EL AGUIJÓN DE LA MUERTE
Hoy quiero reflexionar contigo sobre esta cita del apóstol Pablo: «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?». «El aguijón de la muerte es el pecado» (1 Corintios 15: 55-56). Pablo se refiere al momento en que Dios pone la carga de nuestro pecado sobre Jesús en el huerto de Getsemaní.
En ese momento el aguijón del pecado penetra profundamente en el alma, en el espíritu y en el cuerpo de Jesús. El hombre sin pecado, que es tan santo y puro que no nos podemos hacer a la idea, se enfrenta con nuestro pecado en todos los aspectos de su naturaleza divina.
Jesús se hace pecado por nuestro pecado (2 Corintios 5:21).
Es como si se estuviera reproduciendo una película en la que Él estaba en medio. En el momento en que Jesús comienza a beber la copa de nuestros pecados, la Biblia dice que Él prueba la muerte (Hebreos 2:9).
Jesús experimenta el odio sanguinario del asesino y también el pánico de la víctima. Huele la sangre inocente derramada. Oye nuestros gritos de angustia y ve las consecuencias del pecado en el mundo.
Él, que es puro al cien por cien en todas sus emociones, se enfrenta a emociones que son ajenas a su naturaleza: miedo, odio y una tristeza paralizadora. Lo que Jesús experimenta aquí no es otra cosa sino un anticipo del infierno.
El evangelista Marcos escribe que Jesús sintió en el alma una tristeza «de muerte» (Marcos 14:34).
Marcos utiliza una palabra griega que significa literalmente: «el estado miserable de los impíos en el infierno».
Eso es lo que Jesús experimentó en el huerto de Getsemaní. Todos los poderes demoníacos, autoridades y fuerzas espirituales se abalanzan sobre Jesús para burlarse de Él, acusarle, condenarle y atormentarle.
Getsemaní no es más que una horrible experiencia infernal para el hombre sin pecado. Pero Jesús prefiere ir al «infierno» por ti, que al cielo sin ti.
PREGUNTA: ¿Tú también luchas a veces contra tu propio pecado? ¿Qué le parecería a Jesús?
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