7. LA LUCHA DE JESÚS EN GETSEMANI
La última noche antes de morir, Jesús lleva a sus discípulos al huerto de Getsemaní, en el monte de los Olivos. Jesús se retira aquí con sus discípulos para prepararse para lo que se le avecina. Getsemaní significa ‘prensa de aceite’, el lugar donde se exprimen las aceitunas hasta extraer el jugo oleoso rojo. Esto es lo que le ocurrió a Jesús en Getsemaní. Allí tuvo lugar la lucha más dramática de toda la historia del mundo.
En la Biblia leemos que Jesús entra en una terrible agonía. Su sufrimiento es tan intenso que el sudor le cae a tierra como grandes gotas de sangre. Ahora la cuestión no es si realmente se puede sudar sangre. Este fenómeno se conoce médicamente como hematidrosis. Alrededor de las glándulas sudoríparas hay vasos sanguíneos que se contraen bajo presión de un excesivo estrés emocional. Al disminuir de nuevo esa emoción extrema, los vasos se dilatan hasta llegar a romperse. La sangre fluye hacia las glándulas sudoríparas, lo que provoca que el sudor se mezcle con la sangre y ésta se empieza a sudar. La cuestión no es si es posible que el sudor de Jesús cayera como grandes gotas de sangre sobre la tierra. La pregunta que importa es: ¿qué es lo que le produjo esa lucha tan enorme a Jesús, por la que empezó a sudar sangre?
Encontramos la respuesta en la oración de Jesús en la que suplica a Dios que le libre no de la cruz, sino de la copa. ¿Qué había en esa copa que le afligía tanto a Jesús? ¿Le angustiaba el sufrimiento que le esperaba? Nada humano le era ajeno. Johann Sebastian Bach responde a esta pregunta en la Pasión según San Mateo. Hace que el coro cante estas palabras: «El Redentor se postra ante su Padre; está dispuesto a beber el cáliz, la amargura de la muerte, en la que se vierten los pecados de este mundo, que apestan horriblemente».
PREGUNTA: Trata de imaginar lo que le produjo a Jesús beberse la copa ―llena de los pecados del mundo― en nuestro lugar. ¿Qué te hace sentir esto?
Hoy quiero reflexionar contigo sobre «la copa» que tanto angustiaba a Jesús en el huerto de Getsemaní. Es la copa de la que habló el profeta Jeremías como «la copa de la ira de Dios», llena hasta el borde con los pecados de las naciones (lee Jeremías 25). Todas las naciones deben beber ellas mismas esta copa llena de sus pecados. Con la consecuencia de que a partir de entonces serán abandonadas, odiadas y maldecidas. En Getsemaní Dios pidió a Jesús que bebiera esta copa envenenada ―llena de los pecados del mundo― en nuestro lugar.
Jesús, el Hombre sin pecado, que es tan limpio y tan puro que no nos lo podemos imaginar, se enfrenta a tus pecados y a los míos en todos los aspectos de su naturaleza divina. Todos nuestros pecados, desde Adán hasta el último nacido, están comprimidos en esta copa que Jesús tiene ante sí. Jesús sabe que cuando beba la copa, sufrirá el mismo destino que el cordero en el altar del holocausto: será hecho pecado por nuestros pecados, cumpliendo la profecía de Isaías de 700 años antes: «El Señor descargará sobre Él todo el peso de nuestros pecados» (Isaías 53:6, RVC). Dios pone el pecado de todo el mundo sobre Jesús, el Cordero de Dios inmaculado e intachable, como había dicho de antemano Juan el Bautista: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Juan 1:29, RVC).
Tres veces ora Jesús para que Dios aparte de Él esa copa. Sin embargo, cada vez dice: «Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya». Jesús estaba dispuesto a beber la copa llena de tus pecados y los míos en nuestro lugar.
PREGUNTA: ¿Acudes al Padre cuando sientes miedo o angustia, como hizo Jesús? ¿Puedes aprender algo de cómo lo hizo Él?
Comentarios
Publicar un comentario