4. CUANDO JESÚS HACE UN MILAGRO
Recordemos que Pedro quiso echar una mano a Jesús cuando fue arrestado; con funestas consecuencias.
En su intento de defender a Jesús, le cortó la oreja a Malco con su espada. Pero, ¿qué hace Jesús? En medio del caos, recoge la oreja y la vuelve a colocar milagrosamente en la cabeza del siervo del sumo sacerdote.
¿Has pensado alguna vez por qué se produjo este milagro? En mi imaginación, veo ante mí cómo reaccionó el sumo sacerdote Caifás cuando Malco llegó a casa. «Malco, ¿qué te ha pasado? ¡Tu túnica está cubierta de sangre!
¿Te ha sangrado la nariz? No, no puede ser, ¡tanta sangre!». Me imagino a Malco diciendo, mientras se agarra la oreja: «Pedro... la espada... mi oreja... en el suelo... sangre por todas partes... Jesús... ¡un milagro!» Caifás lo mira con incredulidad, toma la cabeza de Malco entre sus manos y dice: «¡No veo nada de nada! Qué incoherencia. ¡No se ve ni un rasguño!». Pues bien, cuando Jesús hace un milagro, lo hace más que bien.
¿Por qué tuvo lugar este milagro en esa noche caótica?
Creo que Dios envió a Malco como testigo personal ante el sumo sacerdote corrupto, que quería deshacerse de Jesús, para que le contara lo que había sucedido en el huerto de Getsemaní y lo que Jesús había hecho por él.
Así es Jesús. Dio su vida tanto por las víctimas como por los agresores, porque nos ama, para salvarnos. Como Juan escribiría más tarde: «Él siempre había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin. Amaba a sus amigos en el mundo, su amor por ellos llegaría ahora hasta el extremo» (Juan 13:1, DHH).
PREGUNTA: ¿Cómo tratas a las personas que te han herido y/o dañado? ¿Es Jesús un ejemplo para ti en esto?
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