HIJO DE DIOS PARTE 2 13-02-2025
Juan 1-12
Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.
Es muy importante saber que eres hijo de Dios, no porque a alguien se le ocurra decir que todos somos hijos de Dios, no es una simple idea; fue todo un proceso que hasta no culminarse no hubieras podido decir con tanta seguridad que eres un hijo de Dios.
"Los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” (Juan 1: 12-13).
No fue voluntad de la sangre: Pues no es por el nacimiento biológico el cual solo nos hace hijos de Adán.
No fue de voluntad de carne: Porque no es algo que logres con tus propios esfuerzos o méritos. Ni de voluntad de varón: Porque ningún hombre en la tierra podrá darte ese título.
No fue voluntad de la sangre: Pues no es por el nacimiento biológico el cual solo nos hace hijos de Adán.
Solo la voluntad de Dios pudo hacerlo. “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas” (Santiago 1:18).
Miremos cuántas cosas hizo Dios para que seas su hijo.
1) Nos engendró por su Palabra, es decir, nos dio su semilla o su simiente.
2) Nos dio su naturaleza. Como todo hijo tiene la naturaleza de su padre, ejemplo, los hijos del león no podrían ser peces, pues no tienen la naturaleza del padre. Un hijo tiene la naturaleza del padre, porque tiene su simiente.
Y ¿Cuál es la naturaleza de Dios?
Como todos sabemos es naturaleza Divina.
10 3) Nos devolvió su imagen. Se entiende que los hijos se parecen a sus padres, porque tienen su simiente y su naturaleza.
“Como es aquel hombre terrenal, (Adán) así son también los de la tierra; y como es el celestial, (Cristo) así son también los del cielo“(1 Corintios 15:48 NVI).
Y el verso que continua es aún más claro: “Y, así como hemos llevado la imagen de aquel hombre terrenal, llevaremos también la imagen del “por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:4).
celestial” (1 Corintios 15-49 NVI). ¡Wao! Qué maravilla de texto.
4) Pone su Espíritu en su hijo. “Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra” (Ezequiel 36:27).
Sabemos que los hijos de Dios han sido engendrados por Él y han nacido de nuevo. Por lo tanto, tienen su simiente, su naturaleza y su Espíritu. Al mirar esto, uno se llena de gran gozo, al saber el proceso que ocurrió para llegar a ser un hijo de Dios.
Cuando un ángel nos mira ¿Cómo nos mira? Como hijos de Dios.
Y hasta cuando las fuerzas del enemigo nos miran tienen que respetar, pues está pasando el hijo del Rey del universo.
También por primera vez en el Nuevo Testamento se escucha la voz del enemigo.
¿Y para qué se escuchó esa voz? Como ya vimos, la voz de Dios se escuchó para decir: “éste es mi hijo”.
Y tres versos adelante la voz del enemigo se escucha cuestionando lo que Dios dijo: ¨Si eres Hijo de Dios…¨ poniendo en duda lo que Dios ha dicho.
Para el enemigo es excelente que el recién bautizado dude de la Palabra de Dios, y por ende después del bautizo intentará decirte que no eres un hijo de Dios.
Al igual que en Génesis, donde primero se escucha la voz del Señor creando todo y formando a su hijo, luego se escucha la voz del tentador para engañarle, diciendo que lo que dijo Dios respecto al árbol no era tan cierto.
Poniendo duda. Dios dijo: El día que de él comieres ciertamente morirás. Satanás dijo: No morirás. Aquí está esa misma voz en Mateo para tentar al segundo Adán (Cristo). Y créeme, lo intentará contigo.
NO DUDES DE LO QUE ERES:
Dos cosas muy importantes para tener muy en cuenta:
Lo primero que el tentador querrá decirte es que no eres hijo de Dios. Pero no seas como el primer hombre que le creyó, se cómo el segundo que se aferró a la palabra
¿Y por qué razón el enemigo ataca allí? Porque nuestro comportamiento está determinado por lo que entendemos que somos.
De ahí que existan las culturas, porque conforme el hombre se entienda que es, así será su modo de vida, su música, su manera de vestir, sus dichos, su cultura, su comportamiento. Perder eso es perder nuestra identidad. Y si perdemos nuestra identidad, ya no importa cómo nos comportemos, ya no se quién soy.
(((Ejemplo: Si le decimos al hijo del rey de Inglaterra que nos acompañe a almorzar en la galería, no iría, difícilmente nos aceptaría una invitación a caminar sin sus escoltas, no aceptaría dejar sus modales a la hora de comer, ni dejar su glamur a la hora de vestir, él no acepta cualquier invitación; ¿Por qué? Porque él sabe que no es cualquier persona, él sabe quién es, “el hijo del rey de Inglaterra”. Pero si le borramos de la mente quien es, al punto que no tenga ni la menor idea de lo que él es, seguro saldría a la calle y no se daría cuenta que no tiene escoltas, y seguro no repararía tanto en modales, y con hambre aceptaría cualquier invitación, a cualquier lugar, todo porque perdió su identidad. No sabe quién es. )))
Eso es lo que pretende el enemigo, hacerte dudar de que eres un hijo de Dios, para que te comportes de cualquier manera, para que hables de cualquier manera y sobre todo para que aceptes cualquier invitación.
Es un oportunista que aprovecha los momentos de debilidad, mira que al Señor Jesucristo se le acercó cuando tenía hambre, en el momento crítico se acerca el enemigo para hablarte y aconsejarte con el y que tomes la decisión más equivocada.
A veces cuando su economía falta, o cuando estás enfermo te habla para que dudes, quizá en un momento de enojo, busca que olvides que eres un hijo de Dios, para que digas y hagas lo incorrecto.
Por favor no le creas. Después su trabajo es acusarte cuando te arrodilles a orar y te dice:
Qué vas a ser un hijo de Dios, si tú hiciste esto… o tú dijiste aquello.
Por lo tanto, no pierdas tu identidad, no importa lo que diga el enemigo, no lo escuches.
No permitas que coloque duda en tu corazón para que sus palabras no tengan efecto en tu vida.
Recuerde que usted es un hijo de Dios no por lo que el diablo diga; usted es un hijo de Dios por el poder y la voluntad del Señor. “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios” (Romanos 8:16). También dice: “Amados ahora (no mañana) somos hijos de Dios…” (1 Juan 3:2).
Conclusión:
"Somos hijos del Rey, herederos de un reino eterno. Esta identidad no se basa en nuestras obras o méritos, sino en la gracia y el amor de Dios. Al conocer nuestra verdadera identidad, podemos enfrentar los desafíos de la vida con confianza y valentía. Recordemos siempre que el enemigo buscará minar nuestra fe y hacernos dudar de quiénes somos. Pero con la ayuda del Espíritu Santo, podemos resistir sus ataques y vivir una vida que honre a nuestro Padre celestial. ¡Somos hijos de Dios, y eso lo cambia todo!"
Aplicación en la vida diaria:
Oración constante: Dedica tiempo cada día a hablar con Dios y a fortalecer tu relación con Él.
Estudio bíblico: Nutre tu espíritu con la Palabra de Dios y medita en ella diariamente.
Comunidad: Rodéate de otros creyentes que te fortalezcan en tu fe.
Servicio: Busca oportunidades para servir a los demás y demostrar el amor de Cristo.
Confianza: Confía en que Dios siempre está contigo, incluso en los momentos difíciles.
Perseverancia: No te rindas ante los desafíos, sigue adelante con fe.
Llamado a la acción:
"Hoy te invito a reafirmar tu identidad como hijo de Dios. Crece en tu conocimiento de la Palabra, fortalece tu relación con Dios y vive una vida que sea un testimonio de tu fe. Recuerda, no eres un huérfano, eres un hijo amado."
Comentarios
Publicar un comentario