TEMA 1 DECISIONES 13-02-2024
T E M A 1
- Los verdaderos hilos de la vida -
INTRODUCCIÓN
Las decisiones afectan toda nuestra vida y por consiguiente la vida de todos los que nos rodean. Son los verdaderos hilos que controlan nuestra vida, no es el azar, no es la suerte, ni es el destino.
Nuestro futuro está en función de las decisiones que podamos tomar en el presente.
Pero también, somos el resultado de las decisiones que hemos tomado en el pasado.
Toda nuestra vida, pasada, presente y futura, está en función de la calidad de decisiones que tomemos; por lo tanto, hay que desarrollar una gran habilidad para tomar buenas decisiones.
Sin embargo, esto no es tan sencillo, las decisiones son una habilidad que se desarrolla continuamente en la vida, nadie nace sabiendo tomar buenas decisiones, lo aprendemos, lo mejoramos equivocándonos y corrigiéndolo.
El creyente, como toda persona, necesita desarrollar esta habilidad, pero, a diferencia de las personas del mundo, cuenta con la ayuda de un Dios comprometido con nuestro bienestar.
Muchas veces solamente contamos con una sola oportunidad para decidir bien, entonces no hay margen para el error.
De allí la importancia de saber tomar decisiones sabias en la vida, porque, recuerda, de esto depende nuestro futuro.
Según algunas estadísticas, cada persona toma alrededor de 2 500 decisiones, sólo en un día (Witt, 2007, p.6).
Obviamente no se trata de decisiones enormes, son decisiones a veces pequeñas, pero que tienen fuerte influencia en nuestro futuro (p.ej. sí conduzco, debo decidir en un segundo como adelantar; si voy a un restaurant, debo decidir qué pedir; etc.).
¿QUÉ PUEDE AFECTAR LA BUENA TOMA DECISIONES PERSONALES?
Sin duda, hay cosas, circunstancias y personas que pueden terminar afectando las buenas decisiones personales. A continuación, se mencionará algunas de ellas:
(1) La inexperiencia o falta de sabiduría. Sobre todo, cuando uno está en una edad donde se tiene poca experiencia de vida; o cuando se tiene la edad suficiente, pero se carece de sabiduría, siempre se toman malas decisiones.
¿Y cuál es el remedio para ambas cosas?
Ante la inexperiencia y la falta de sabiduría, es mejor pedir consejo, pero no cualquier tipo de consejo ni a cualquier tipo de persona, sino a una persona sabia.
Pero no puedes estar dependiendo todo el tiempo de una persona, Dios puede dar sabiduría abundantemente, a alguien que cree en él, y se lo pide (Stgo. 1:5).
(2) La presión.
Generalmente, esto, intentará conducirnos en una u otra dirección.
A veces son personas o situaciones las que nos presionan. Una decisión tomada bajo presión, no es una decisión genuina, porque se asumió, por temor, obligación, violencia o complejos de inferioridad.
Bajo la presión, no se decide lo que uno quería, sino lo que todos, u otra persona quería.
(3) Las influencias.
(((Las actividades y personas ejercen una fuerte influencia en los individuos. Según Marcos Witt (Decida bien, 2007, pp.55-56)))
Hay situaciones ejercen influencia en lo que decidimos:
(i) lo que se lee;
(2) lo que se escucha;
(3) lo que se mira;
(iv) lo que se habla (i.e. pesimismo).
(4)La moda.
Las modas son como olas, pues vienen y van; aparecen y desaparecen.
Hay modas dañinas y hay modas no dañinas. Las modas dañinas, terminan dañando, precisamente, a la persona que la sigue.
(5) El molde cultural.
Hay cosas que se hacen, porque todo nuestro grupo social lo hace también así. Es un exagerado respeto al status quo de la cultura. Lo que se busca es conformarse, acomodarse y amoldarse a la cultura, a la praxis colectiva. Se decide siguiendo patrones culturales, para no ser reprimidos ni desaprobados. Esto es un error.
(6) El molde familiar. Es muy similar a lo anterior, pero a un nivel menor, dentro del ámbito de la familia. Se decide por respetar la «tradición» familiar y no evaluando las opciones más creativas e innovadoras. Obviamente, esto lo estamos mencionando en términos positivos: respetando la moralidad y la ética.
UN EJEMPLO DE BUENA DECISIÓN
Caleb, es un claro ejemplo de buena decisión.
En Números 14:24 se dice de él: «Pero a mi siervo Caleb, por cuanto hubo en él otro espíritu, y decidió ir en pos de mí, yo le meteré en la tierra donde entró, y su descendencia la tendrá en posesión» Caleb fue uno de los dos israelitas que pudo ingresar a la tierra prometida, después de salir de Egipto.
La otra persona, fue Josué, quien también tomó una buena decisión:
«Pero si no quieren servir al Señor, elijan hoy a quién van a servir: si a los dioses a los que sus antepasados servían a orillas del Éufrates, o a los dioses de los amorreos que viven en esta tierra. Por mi parte, mi familia y yo serviremos al Señor» (Jos. 24:15, DHH).
Fue precisamente a ellos dos, por su buena decisión, que Dios les permitió ver y poseer la tierra prometida.
A Caleb, Dios le bendijo con una especial porción de la tierra, que sería herencia para él y su familia:
«Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad. Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel» (Jos. 14:13-14).
¿Cuánto israelitas había en esa época?
En el primer censo de Moisés, había 603,550 israelitas (Num. 1:46), sin contar a los levitas (Num. 1:49), que eran unos 22,000 (Num. 3:39).
En estos números se excluía a los menores de 20, a las mujeres, a los ancianos y a los incapacitados para la guerra.
Por eso, algunos biblistas piensan que habían mas de dos millones de israelitas. De todos ellos, solo dos ingresaron a la tierra prometida, debido a una buena decisión.
Muchas veces, nos quedamos al margen de las bendiciones de Dios, por causa de nuestras malas decisiones.
UN EJEMPLO DE MALA DECISIÓN
Hay innumerables registros y casos de personajes bíblicos que tomaron malas decisiones. Sólo se va a mencionar uno de ellos:
Nabal (1 Sam. 25). Nabal, era descendiente del otro personaje ilustre que hemos resaltado, o sea, Caleb.
Aparentemente lo tenía todo, era un hombre muy rico (25:2) y tenía una esposa muy hermosa (25:3b), pero a la vez era «insolente y de mala conducta» (25:3c).
Esa insolencia lo llevó a tomar una mala decisión contra David: maltrató a los hombres de guerra de David y les negó el alimento (25:11), a pesar que ellos cuidaban a los pastores (25:7b, 15-16), siervos de Nabal.
La esposa de Nabal, corrigió la situación (25:18, 23-25), pero esto no pudo librar las consecuencias de la mala acción y decisión de Nabal y murió castigado por Dios (25:38).
Por una mala decisión, perdió sus riquezas, la buena vida, su esposa y la vida misma.
Una decisión, o puede atraerte bendiciones de Dios, o su ira y castigo. Las decisiones mueven los verdaderos hilos de la vida.
TOMANDO DECISIONES COMO JESÚS
Jesús también, en sus días en la tierra, y estando en su humanidad, tomó decisiones.
Resulta muy ejemplar la actitud de Jesús al momento de tomar la decisión de llamar a sus discípulos, que fue en sí misma, una tarea trascendental.
Lucas dice que «él fue al monte a orar, y pasó toda la noche orando a Dios» (Lc. 6:12).
Sólo después de haber orado fervorosa y largamente, el Señor tuvo la mente clara para poder decidir.
Para tomar una decisión, no se trata de orar de manera rutinaria y en poca extensión de tiempo.
Jesús, digamos, «se tomó su tiempo» para orar, no fue ligero. Fue guiado por Dios porque pidió su ayuda en oración.
Los cristianos necesitamos seguir el ejemplo de Jesús y no se debe tomar decisiones, sin antes haber pedido la ayuda divina.
Precipitarnos, emocionarnos y desesperarnos no ayuda, porque el futuro de la familia exige una buena decisión guiada por Dios.
¿ES VÁLIDO PEDIR SEÑALES, AL MOMENTO DE DECIDIR?
Es válido, cuando no tenemos la seguridad, ni la tranquilidad de que estamos decidiendo bien.
A veces, es mejor pedir confirmación de parte de Dios, en lugar de precipitarnos.
APENDICE
¿CÓMO OBTENER SABIDURÍA?
Ante la pregunta: ¿cómo se puede obtener esa sabiduría, necesaria para tomar buenas decisiones?
La respuesta es que hay tres maneras.
La primera es, como lo dice Santiago (1:5), pidiéndosela a Dios. El autor dice que Dios puede darla «abundantemente y sin reproche». Sólo es asunto de pedirla. Salomón es un claro ejemplo de cómo es posible recibirla, al pedírsela al Señor (1 Reyes 3:5-12; 2 Crónicas 1:7-10).
La segunda manera es ganarla por aprendizaje y búsqueda.
Qohelet, llamado también el predicador, escribió de su experiencia:
«Y di mi corazón a conocer la sabiduría…» (Eclesiastés 1:17a). Esto habla sin duda de una búsqueda, de un aprendizaje intenso. En la versión DHH, él se ve a sí mismo como «…entregado por completo a profundizar en la sabiduría y el conocimiento…».
Por último, se recibe, como un don que proviene de Dios; dice el profeta Isaías (50:4; cf. Lc. 21:15): «Jehová el Señor me dio lengua de sabios, para saber hablar palabras al cansado…». Queda claro, que la sabiduría para hablar al cansado, proviene de parte de Dios; no es simple habilidad humana.
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