RECONCILIACION
La Reconciliación
DEFINICIÓN Y CONCEPTO
Los términos griegos de importancia son el sustantivo katallagê
“katallagê” y los verbos katallassô “katallassô” y
apokatallassô “apokatallassô”.
La reconciliación se aplica propiamente, no a las buenas relaciones
en general, sino a la anulación de una enemistad, la solución de una
disputa. Denota que las partes reconciliadas anteriormente fueron
hostiles entre sí. La Biblia nos dice claramente que los pecadores
son “enemigos de Dios (Romanos 5:10; Colosenses 1:21; Santiago
4:4). Nunca debemos minimizar la seriedad de estos pasajes y otros
similares.
El enemigo no es alguien que por poco es nuestro amigo, sino
alguien ubicado en el campo enteramente opuesto. El Nuevo
Testamento nos muestra a Dios en vigorosa oposición a todo lo que
sea malo.
La forma de terminar con la enemistad es quitar aquello que la
causó. Podemos pedir disculpas por la palabra dicha sin reflexión,
podemos llevar a cabo la reparación o restitución que corresponde.
Pero en todos los casos, en el camino a la reconciliación se
encuentra una efectiva eliminación de la causa de la enemistad.
Cristo murió para anular nuestros pecados. De esta manera se
ocupó él de la enemistad entre el hombre y Dios. La quitó del
camino. Abrió ampliamente el camino para que los hombres
pudieran volver a Dios. Es esto lo que se describe por medio del
término “reconciliación”. (Efesios 2:11-17).
Lo que creó la barrera fue la demanda de rectitud en el hombre por
parte de la santidad de Dios. El hombre, cuando está en libertad de
elegir, se conforma con olvidar el pasado, y no se preocupa
mayormente por su pecado. Por cierto que no siente hostilidad hacia
Dios por culpa de su pecado. En consecuencia, cuando se ha
efectuado la reconciliación, es imposible decir que está
completamente dirigido hacia el hombre y no hacia Dios también, en
algún sentido. Tiene que haber un cambio por parte de Dios, si todo
lo que envuelven expresiones como “la ira de Dios” ya no se dirige
más al hombre (Colosenses 1:19-22).
La Biblia nos dice muy claramente que el amor que Dios siente hacia
el hombre nunca varía, a pesar de lo que el hombre pueda hacer.
Por cierto que toda la obra expiatoria de Cristo surge del gran amor
de Dios. Fue “siendo aún pecadores” que “Cristo murió por nosotros”
(Romanos 5:8). Se trata de una verdad que debemos guardar
celosamente.
Pablo puede hablar de Cristo, “por quien hemos recibido ahora la
reconciliación” (Romanos 5:11). Una reconciliación que puede ser
“recibida” debe ser ofrecida antes de que pueda recibirla el hombre.
En otras palabras, debemos pensar que la reconciliación tiene
efectos que se manifiestan hacia el hombre como hacia Dios.
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.
Nos enseña a considerar los sacrificios que eran traídos al altar.
Cuando el Israelita traía un sacrificio al Señor, ponía su mano sobre
la cabeza de la víctima, y confesaba su pecado. Esta acción
simbolizaba la transferencia del pecado a la víctima, y confesaba su
pecado a la víctima, y la hacía adecuada para expiar al pecado del
ofrendante, (Levítico 1:4).
EN EL NUEVO TESTAMENTO.
Es el cambio operado en las relaciones entre Dios y el hombre,
basado en la satisfacción que Cristo presentó por su muerte el favor
de la humanidad. Es el restablecimiento de la amistad del hombre
con Dios, pues entre ambos reinaba la enemistad; y, más que el
establecimiento de buenas relaciones en general, es la eliminación
de un profundo desacuerdo. El hombre por su pecado se encontraba
alienado de Dios, pero en Cristo Dios mismo ofreció un camino hacia
la reconciliación.
Cuatro importantes pasajes del Nuevo Testamento tratan la obra de
Cristo bajo la figura de la reconciliación, a saber Romanos 5:10; 2ª
Corintios 5:18; Efesios 2:11; Colosenses 1:19.
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