LA SANGRE DE CRISTO
La Sangre de Cristo
DEFINICIÓN Y CONCEPTO
Del hebreo sefsn “nefes” = alma o vida, griego Hemat Hemat ó
hemo”.
En toda la Biblia la sangre es símbolo de vida, de allí la prohibición
de comer la sangre de los animales, de derramar la sangre humana y
el uso cultural de la sangre.
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO.
El valor de la vida es la medida del valor de la Sangre. Esto da a la
sangre de Cristo un valor inapreciable (Levítico 17:10-14; Hebreos
10:4). Lo Eficaz no es la sangre en las venas de la víctima, sino
sobre el Altar.
Es necesario destacar la diferencia fundamental entre el
pensamiento griego y el hebreo. En el primero la sangre está
asociada a la reproducción y representa el centro emocional del
hombre.
En la religión hebrea es la sangre derramada la que adquiere
significado ritual y como tal es medio de expiación (acto por el cual
se quita el pecado o la contaminación mediante un sacrificio o pago
establecido por Dios), adoración, consagración y aún llega a
simbolizar la concertación de un pacto (Éxodo 24:6-8).
EN EL NUEVO TESTAMENTO.
Todo el simbolismo cultural de la sangre de Antiguo Testamento halla
su cumplimiento en la sangre de Cristo, expresión que en el Nuevo
Testamento se hace efectiva al Invocar el Nombre del Señor
Jesucristo.
La sangre de Cristo, es decir su muerte en la cruz:
-Es el símbolo del precio de nuestro rescate (Efesios 1:7).
-Nos reconcilia con Dios (Romanos 3:25; 2ª Corintios 5:19).
-Nos redime de nuestros pecados (Apocalipsis 1:5).
-Nos purifica (Hebreos 9:14), nos santifica (1ª Pedro 1:2).
-Establece una nueva alianza (Hebreos 9:11-22).
En el gran día de la expiación, el Sumo Sacerdote entraba en el lugar
Santísimo, llevando sangre que esparcía en el propiciatorio para
hacer expiación por el pecado de los hijos de Israel (Hebreos 9:7),
así Cristo después de hacer sacrificio de sí mismo entró ante la
presencia de Dios en el cielo como nuestro Sumo Sacerdote, con su
propia sangre como expiación por nuestros pecados (Hebreos 9:24).
Por la sangre de Cristo somos justificados ante Él (Romanos 5:9),
tenemos un vestido limpio (Apocalipsis 7:14) y podemos entrar con
confianza en el Santuario de Dios (Hebreos 10:19).
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