RESOLVIENDO CONFLICTOS,PRIMERO EN CASA
Pasaje: 1 Cor. 6:1-11
INTRODUCCIÓN
En toda familia, es inevitable que haya pleitos, disputas y enojos. La familia de la fe, no está libre de esto. En la iglesia de Corinto, estaba sucediendo problemas y quieren solucionarlo de la peor manera. Pablo se ve obligado a corregirlos e instruirlos, en cuál debe ser su manera de proceder. Lo mismo aplica también para nosotros, en nuestro tiempo.
I. ¿CUÁL ES LA NATURALEZA DE LOS PLEITOS ENTRE LOS CREYENTES? (vv. 4, 7).
A. Al parecer, eran cosas sencillas, pero que los hermanos corintios lo hacían demasiado grande, al punto de llevarlos a los tribunales (v. 6a). Pablo los llama «juicios sobre cosas de esta vida» (v. 4b). La DHH lo llama «pleitos por asuntos de la vida diaria». Esto da a entender que se trataba de cosas domésticas, fáciles de poder superar
B. Hay que recordar que la iglesia de Corinto, era una iglesia fraccionada. De pronto, la verdadera razón para los pleitos, no eran las cosas en sí mismo, sino la rivalidad que había entre ellos. Cuando hay rivalidad, las personas convierten aun las cosas pequeñas, en motivos para enojarse y pelear.
C. Para Pablo, en lugar de iniciar un pleito o disputa, era mejor «sufrir el agravio» (v. 7b) o «soportar la injusticia» (NVI). Esto, por ser cosa pequeña, era mejor pasarlo por alto y no encontrar un motivo para enfrascarse en pleitos, que en nada ayudaban a la unidad y testimonio de la iglesia.
D. Aplicación. A veces nos enojamos por cosas pequeñas, contra nuestros hermanos. Una broma, una ausencia de saludo, una mala mirada, o lo que sea; lo convertimos en una ocasión para discutir y dejar de congregar. La Palabra nos llama a soportarnos entre nosotros y perdonarnos (Gal. 3:13). Dejémonos llevar por la Palabra, en lugar de nuestras emociones, reacciones e impulsos.
II. ¿CUÁL ES LA NATURALEZA DE LOS QUE CAUSAN PLEITOS, CON OTROS CREYENTES? (v. 9, 11).
A. Por sus acciones, los «santos», se hacen injustos (v. 9). Menosprecian su santidad y prefieren el barro y el vómito, en sus vestidos emblanquecidos por Cristo.
B. Pablo les recuerda que ellos ya habían sido sacados de los pecados mencionados en los vv. 9b-10. Pablo menciona en el v. 11, así: «Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios».
C. Lo que estaban haciendo era incompatible con la santidad (son santos) y la justicia (son justificados). Era un retroceso en la vida cristiana. Era la expresión de su carnalidad, de su niñez espiritual. Y todo, por causa de la des-unidad. No olvidemos que la iglesia corintia, estaba dividida en cuatro facciones (1:12).
D. Aplicación. No pisoteemos nuestra santidad, por causa de las cosas pequeñas. No dejemos que los pleitos, rompan la unidad anhelada por Cristo. Ya hemos salido del barro del pecado. Si lo hacemos, se cumplirá el proverbio: «'El perro vuelve a su vómito' y 'la puerca lavada, a revolcarse en el lodo'» (2 Pe. 2:22, NVI; cf. Prov. 26:11).
III. ¿QUIÉNES DEBEN RESOLVER ESTOS PLEITOS? (vv. 1, 5-6).
A. Al apóstol, no le quedan dudas, para responder a esta pregunta. Eso lo podemos ver a la luz de los vv. 5-6. Pablo escribe: «Para avergonzaros lo digo. ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos, sino que el hermano con el hermano pleitea en juicio, y esto ante los incrédulos?».
B. De la cita anterior, quedan claras dos cosas. Primero, que el que juzgue o resuelva los pleitos entre creyentes, debe ser otro creyente («santos», cf. v. 1b), pero «sabio». Tampoco lo debe hacer cualquiera entre la congregación.
C. Otra cosa que queda claro, es que no deben hacerlo «los incrédulos» (v. 6b), ni «los injustos» (v. 1b); pues ellos no tienen la sabiduría, ni el discernimiento, que hemos recibido los creyentes. Para Pablo, ir ante los tribunales terrenales, es un gran error, y motivo de vergüenza (v. 5a).
D. Aplicación. Prefiere siempre el consejo sabio de tus pastores, de los creyentes maduros en la fe. ¿Por qué has de buscar al incrédulo e injusto? Ellos son, como dijo Jesús, «ciegos guías de ciegos» (Mt. 15.14). Si lo haces, caerás en el hoyo.
IV. ¿POR QUÉ LOS CREYENTES DEBEN RESOLVER LOS PLEITOS? (vv. 2-3).
A. Pablo nos entrega dos excelentes argumentos. El primero está en el v. 2. A la letra, dice: «¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas?»
B. El segundo argumento lo encontramos en el v. 3. Dice lo siguiente: «¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?»
C. Los creyentes vamos a juzgar cosas más complejas, que los simples pleitos entre los creyentes: al mundo y a los ángeles. Los pleitos entre los creyentes, son vistos por Pablo como «cosas muy pequeñas» (v. 2). Y, además, si recibiremos la capacidad de juzgar ángeles, ¿cómo no podríamos hacerlo, con respecto a «las cosas de esta vida»? (v. 3).
D Aplicación. Como creyentes, hemos recibido la sabiduría de parte de Dios. Anteriormente, Pablo les ha recordado a los corintios que ellos han sido hechos «sabiduría» en Cristo (1:30). Por lo tanto, somos competentes para juzgar, solucionar o resolver los conflictos que puedan ocurrir, dentro de la familia de la fe o iglesia.
CONCLUSIÓN
Recuerda que fuimos llamados a soportarnos, a tolerarnos los unos a los otros. También a perdonarnos los unos a los otros, como Cristo nos ha perdonado. Es imposible que no haya enojos, pero recordemos que la Palabra nos llama a que no dejemos que se «ponga el sol sobre nuestro enojo» (Ef. 4:26). Si no podemos hacerlo por nosotros, mismos, busquemos gente sabia, para que nos ayuden y aconsejen. Buscar en el mundo, no es una opción.
AMÉN.
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